NATURALEZA HUMANA
Diá 6 de enero de 2012, las 8:30 de la mañana. Los Reyes Magos me han dejado un poco de esto. Contento.
http://www.goear.com/listen/654ccac/human-nature-michael-jackson
Diá 6 de enero de 2012, las 8:30 de la mañana. Los Reyes Magos me han dejado un poco de esto. Contento.
http://www.goear.com/listen/654ccac/human-nature-michael-jackson
Como una entidad absoluta, como magnitud en si misma, el tiempo no es real. Su existencia depende de la materia, del espacio, del movimiento y de un ser consciente del cambio.
Podemos comprar dos quilos de mármol, es materia, rotunda e indiscutible. Podemos también medir la distancia entre la tierra y la luna o las dimensiones de nuestra cocina (espacio). El espacio es real, es el soporte del movimiento, del cambio. La materia en movimiento genera el cambio. Nuestros sentidos perciben esos cambios e inconscientemente construimos un contínuo temporal que es la manifestación de los acontecimientos. Puesto que todos los fenómenos físicos están sujetos al cambio, asociamos el cambio con esa magnitud que hemos dado en llamar tiempo. Pero esta percepción es engañosa.
El mecanismo psicológico que nos hace percibir la sensación del transcurso del tiempo surge de la evidencia ante la transformación, interna y externa, de la propia y de la que nos es ajena. El ser humano, entendido como radar sensorial, vive permanentemente en la conciencia del cambio y esa sensación se retroalimenta constantemente porque nada en la naturaleza permanece inmutable. Pero una cosa es la conciencia del cambio (realidad subjetiva) y otra muy distinta la existencia de una magnitud real, absoluta, a la que otorgamos entidad propia y llamamos tiempo (realidad objetiva).
Como seres reales y singulares que somos, necesitamos referentes para comprender el mundo. Cuantificamos y categorizamos los fenómenos para desentrañar la coherencia interna de las leyes que sustentan el tejido sutil de la naturaleza, que no solo hace posible, sino que perpetúa nuestro contínuo vital.
Hemos decidido que un metro ha de contener cien centímetros. Es una convención, un patrón, ya que un metro podría contener 183 ó 27 centímetros, si todos lo aceptásemos como medida universal. También la esfera de un reloj nos sirve para orientarnos y sus fracciones – en horas, minutos y segundos – son arbitrarias, si bien guardan una relación con los ciclos naturales. Si las esferas de los relojes estuviesen divididas en 19 fracciones todos nos ajustaríamos a ese patrón, ya que el día estaría dividido, para todos, en un mismo número de horas.
CABALGANDO SOBRE EL SECUNDERO
Imaginemos que estamos observando el reloj de un campanario. La sola observación ya implica la aceptación de una dimensión – un tiempo total y real – que lo abarca todo: existe más allá y a pesar de nosotros mismos. Aunque es infrecuente, imaginemos que nuestro reloj del campanario contiene un secundero.
La percepción más primaria nos avisa de que estamos observando un ‘testigo’ cuya misión es informarnos sobre el registro del tiempo absoluto en ese lugar: qué hora es, en qué segundo estamos. Nos concentramos y pensamos interiormente: “el secundero está mostrando el transcurso de los segundos. Uno tras de otro, se van sucediendo, acumulando. Esto es el paso del tiempo” ¿Es el paso del tiempo?
Si estoy vivo y percibo la sensación de vida como el instante permanentemente activo, entonces el reloj y yo hemos de compartir el instante, porque no puede haber dos tiempos distintos. Puesto que mi sensación de vivencia es contínua, aquello que me identifica radicalmente con el reloj es el secundero, el instante vivo: el contínuo de mi existencia cabalga sobre la aguja del secundero, y siento que los dos somos uno y lo mismo.
Por tanto, si el tiempo como magnitud absoluta no existe, en realidad el secundero está siempre parado, de modo que la única forma de conciliar la coherencia del movimiento universal con el no-tiempo pasa por aceptar que todo se mueve en torno al secundero. El mecanismo del reloj sigue funcionando como siempre, solo que en realidad está moviendo el universo entero, desde ese lugar. La paradoja viene a ser que, sea cual fuere el punto del universo que elijamos para situar el secundero inmóvil, el universo seguirá moviendose en torno a ese punto.
Es bastante probable que muchos de vosotros no tengáis idea de cómo era la España cotidiana de principios del siglo XX. Podéis comprobarlo, es un poco largo, pero vale la pena.
Esta que veis aquí, es una acción de las Minas del Rif: Si tenéis tiempo y ganas, la historia que hay tras este papel legal, es dramática, acoj****te.
¿Quiénes eran los dueños de las minas del Rif? ¿Qué consecuencias trajo el mantenimiento y defensa de este lucrativo negocio? ¿A qué condujo finalmente toda una serie de acontecimientos vinculados a este papel…?
Solo doy pistas, aunque los amantes de la historia ya sabrán de qué va el sunto. Enseñad todo esto en las escuelas, porque es cierto, y es justo que se enseñe y se aprenda.
Guerras aparte – o también gracias a ellas – el siglo XX nos legó la recuperación de derechos individuales, cívicos, sociales, que habían sido ninguneados de una manera demasiado alegre durante siglos. Solo a través de la constancia, el esfuerzo y la sangre, esos derechos elementales pudieron ser restituidos (aunque no todos, ni siempre, ni en todas partes).
Ya en la segunda década del siglo XXI, uno se pregunta: ¿cómo ha podido ocurrir? ¿qué hemos hecho mal..? Con todo lo que costó abolir la jornada de doce horas en favor de la de ocho, eliminar los sábados y festivos como días laborables, abolir el trabajo infantil, permitir el voto a la mujer… Y resulta que todos esos logros, hoy, vistos desde arriba, son como una montaña de hojarasca que puede ser barrida impunemente.
Casi cien años después de que fuera tomada esta foto – un desfile de las sufragistas celebrando su victoria – muchos nos preguntamos: ¿para qué sirve hoy un voto?
Otra forma de verlo: cómo se conforma una estructura musical, desde el tema hasta el solo. Un clásico de los videos musicales que relaciona música-jazz-tema y solo con la estructura arquitectónica.
Algo parecido a esto debe ocurrir en nuestros cerebros cuando un – buen – solista estructura y desarrolla formalmente la narración sonora con inteligencia, imaginación y fuerza expresiva.
‘Giant Steps’, el lenguaje serio, directo y profundo de Trane, edificando sobre la concordancia, la energía y el equilibrio.
No sé mucho de estas cosas, pero me lo he pasado bien haciéndolo. Es un Powerpoint abierto, copia el enlace, descarga el archivo y pulsa sobre la flecha verde superior, reproducción, si deseas verlo.
http://dl.dropbox.com/u/6610960/Solo%20es%20el%20principio%20-%205.pptx
Todas las fotografías, viñetas e imágenes proceden de la red. Imposible saber quién es el autor de cada una de ellas. Si alguno de ellos lo considera inapropiado o niega su aprobación, retiro el post. Gracias a todos ellos he podido montar este pequeño juego, quizás no tan inocente.
Desde la melodía apenas esbozada hasta la canción totalmente acabada, un proceso de elaboración lento y muy laborioso vino a concluir en una de las canciones más cuajadas de la historia del pop-rock. Cuarenta y cuatro años después de haber sido compuesta, impresiona pensar que Strawberry Fields fuese grabada usando un cuatro pistas. Y es cierto que Lennon era un tipo con mucho talento, pero aquí está la prueba de que el trabajo y la constancia pueden convertir el destello de la idea en un monolito capaz de soportar, impasible, el paso del tiempo.
La receptividad de George Martin y su enorme olfato para intuir la atmósfera más sugestiva aportaron ese algo inclasificable que emana del fondo del tejido sonoro. Lo que podría haber sido una buena canción melancólica, sin más, acabó convirtiéndose en un pequeño microcosmos que gira en torno a la idea: “Living is easy with eyes closed, missunderstanding all you see”. El ’sujeto cantante’ no se encierra en su propia melancolía, puesto que admite la multiinfluencia de todo cuanto le rodea. George Martin lo pilló al vuelo.
Desde el primer esbozo melódico, un poco plano y desdibujado, hasta la versión definitiva transcurrieron unos dos años. La idea fue madurando, enriqueciéndose en matices, musicalizándose cada vez con más detalle, estructura y coherencia. El trabajo en paralelo que hiciera George Martin fue fundamental, por un lado gracias al magnífico arreglo a dos secciones – viento y cuerda – y por el otro a la instrumentación, con coloraciones exóticas y efectos innovadores para la época. La outro, el fundido final, minuto 24:40 en el primer vídeo, es de una osadía nunca vista hasta entonces, bien mirado, una preciosa salvajada contra los cánones estéticos de la industria musical del momento.
La etapa más creativa de The Beatles, que acabaría conformando una verdadera joya rebosante de marquetería musical: Sgt. Pepper’s, el primer álbum del género que habitó el otro lado del espejo.
Excelente – y laborioso – trabajo de documentación, selección y edición de vídeo.
Respuesta a L T (Barcelona)
En el momento de elegir la escala más adecuada para el acorde, es muy importante tener en cuenta la estabilidad, la sensación de equilibrio que transmite la escala destino, tras un impacto de acorde que ha generado tensión.
En el caso que comentas, el B7, que va a buscar el Em7, en tono de C, se trata de un dominante secundario, el V7/iii, modulación intratonal.
Parece como que el sentido común nos pediría tratar la escala del iii como frigia, puesto que al tercer grado de Do le corresponde una escala de Mi frigio. No obstante, la escala frigia contiene una b2, es decir una nota que está a medio tono de la tónica del Mi menor 7, y la sensación que transmite el uso de la escala frigia no es todo lo estable que desearíamos. Suena forzada y poco ‘aterrizada’. Puesto que la escala menor más estable es la menor natural, la lógica nos dice que después del Si7 se impone el uso de la escala menor natural de Mi, es decir el Mi eólico. La tensión transmitida por el acorde de Si7 queda así resuelta del modo más natural – nunca mejor dicho – ya que la escala más estable sobre el Mi menor 7 es la menor ‘natural’.
Observa, abajo, los dominantes secundarios relacionados con cada grado de la escala armonizada y la diferencia de intérvalos entre el modo frigio y el eólico. Clic sobre iii.
Mañana, día 31 de octubre de 2011 – probablemente en algún lugar de India o China – nacerá el habitante de la tierra número 7.000.000.000. Ya seremos siete mil millones de humanos.
El aumento exponencial de la densidad de población en el planeta comienza a ser, ya, un problema muy serio. Cualquier otro, comparativamente, se queda en nada.
¿Crisis? Un nutrido grupo de países del llamado mundo occidental atraviesa momentos muy delicados. Las economías se tambalean y el futuro se ve incierto, al menos por lo que respecta a la manera en que hemos estando entendiendo nuestra ‘vida normal’. Si los expertos – por llamarles de alguna forma… – aciertan en esto, es muy probable que estemos estrenando un ciclo vital-colectivo que será otra cosa, sin que sepamos a ciencia cierta el alcance y significado de esa ‘otra cosa’. El tiempo dirá hacia dónde nos conduce el fallo más garrafal de la historia de la economía política o de la política económica. Esperemos que sea para bien y que las representatividades y ¿soberanías? no sigan amontonándose como dosieres de deuda, al fondo de algún estante, vaya usted a saber propiedad de quién. Sin embargo, aún siendo un asunto muy serio, poco tendrá que ver con el momento en que aparezca la crisis ’sobredemográfica’.
La superpoblación va a ser el gran problema del siglo XXI.
China tiene ahora 1.347 millones de habitantes e India 1.241, con un dato significativo a tener en cuenta: en China la tasa de natalidad está regulada, en India no. Si la progresión de los índices de natalidad sigue como hasta ahora, India será el país más poblado en un tiempo relativamente breve, ya que hoy ‘apenas’ le faltan 100 millones para alcanzar a China. Una fruslería, para las altísimas tasas demográficas de Asia.
La acumulación de poder económico en las grandes ciudades – y con ella, de las oportunidades de trabajo estable – ha generado enormes flujos migratorios (la demografía en el norte de China, más agrícola-aldeana que industrial-ciudadana, está cayendo por los suelos). Muy probablemente esta tendencia irá al alza, ya que el modelo de vida a seguir parece anclado en un estereotipo del siglo XX cuya perpetuación está ahora mismo en jaque (aunque no todavía en jaque mate). Al paso que van las cosas, parece bastante razonable pronosticar que las megalópolis crecerán aún más mientras las zonas rurales se irán deshabitando, abandonando. En el transcurso de las décadas venideras la población del mundo se arracimará en unas decenas de núcleos urbanos gigantescos, sobretodo en los países emergentes, aunque cada vez con más frecuencia no pocos se pregunten si este modelo vital tiene más de vital que de modelo, o justo lo contrario.
Imaginen un espacio, un cuadrado perfecto cuyos lados miden un kilómetro exacto. Metan adentro ciento treinta mil personas y tendrán el lugar, el hormiguero humano más denso del planeta. Es el barrio de Mong Kok, en Hong Kong. Puede que no tan cargado de tintas, pero algo similar a esto nos espera en las grandes ciudades del futuro más inmediato.
Sabe mal decirlo de este modo, pero las grandes líneas escritas por la historia suelen ser el resultado de omisiones graves, de cuestiones que no se encararon a tiempo o cuya solución llegó tarde y mal. Ahí está el laberinto económico, en apariencia sin salida, en el que estamos inmersos. Tampoco parece que, a día de hoy, nadie se esté planteando el problema de la superpoblación con la seriedad que el tema merecería.
Puestos a imaginar, imaginen esta cuestión llevada al extremo. Usted y su pareja están frente a un señor que les dice:
– No tendréis ningún hijo. Ya no cabemos.
Tras un largo proceso de documentación y elaboración, finalmente se publica ‘Els orgues de Gràcia’, (Los órganos de Gràcia), un estudio pormenorizado de los órganos eclesiásticos existentes en la ‘Vila de Gràcia’.
Con textos de Germán Lázaro y fotografías de Cecilia Vázquez, finalmente ve la luz una parte importante del patrimonio musical de esta nuestra irrenunciable ‘Vila’.
“¿M’entens el sentit, nen?”, que dirían nuestras venerables vecinas del barrio. Pues eso.