ADEU BOXI

La primera vez que vi a Boxi lanzó un ladrido como un trueno que hizo temblar el aire de la habitación. Era un perrazo pardo oscuro, compacto y fuerte, con una presencia que impresionaba (cuando apoyaba sus patas sobre mis hombros era casi tan alto como yo). Pasado un tiempo y a fuerza de ir coincidiendo más a menudo nos fuimos conociendo mejor. En una de las visitas que hicimos a nuestros amigos, C y A, yo no sabía que él estaba en la casa, de modo que al verle aparecer de repente le saludé sorprendido, forzando el tono de voz. Nos llevábamos bien.
- ¡Hombre Boxi… ¡no sabía que estabas por aquí! ¡Que alegría verte!
Y de pronto aquel animal imponente se comportó como un cachorro, anulado por una alegría que le había dejado fuera de combate: ¡Auuuuhhh! Recuerdo que nos reímos todos al pensar que como perro guardián tenía más bien poco futuro. Sé que Boxi me reconocía y me apreciaba, como yo a él. Hoy me han dicho que Boxi ya no está. He querido recordarle aquí.









