LA IMPREVISIBLE RIQUEZA DEL AZAR

Recibo un mail en el que se me invita a la presentación, en una ‘cena literaria’, de los libros publicados por Victor Nubla. Conozco algunos de ellos, los he leído, disfrutado y me apunto al evento.
Tras asistir a la convocatoria me doy cuenta de que dos flancos ‘vitales y emocionales’, dos actitudes muy distintas – como formas de expresión – están coincidiendo en el mismo lugar: de un lado un grupo de discusión y análisis literario, que exprime y comenta obras previamente seleccionadas, y del otro una de serie de músicos, ‘no convencionales’, bregados en la parte menos previsible del hecho musical. Por razones seguramente alquímicas, los amantes de la literatura y de la música improvisada, ecléctica, coinciden en una misma mesa, en una apretura fantástica que las líneas del azar han propiciado (no puedo comprenderlo de otro modo, todavía no lo entiendo). La primera impresión, tras los parlamentos iniciales, es de desconcierto, pero quiero pensar que la elasticidad mental de los asistentes percibe enseguida el valor impagable de las dos vertientes, aparentemente distintas, de dos manifestación del hecho cultural: músicos y ‘lectores’. Sin ánimo de desmerecer, se me ocurre que el lector es pasivo y reflexivo; el músico vital y activo; la reflexión y el análisis son consolidadores de estructuras; el ‘instante musical’ no tiene precio, pero es efímero. Que cada cual juzgue por si mismo. Mientras hablamos y reflexionamos durante la cena, de modo más o menos intenso, se acrecenta en mi interior la idea de que el cruce, la intersección entre lo literario y lo musical debería ser más profundo, más intenso de lo que suele darse normalmente. Pienso que hay una frontera diferenciadora en los procesos de lectura y escucha: la lectura es más refinada, más mental y estructural; la escucha es más primitiva e instintiva. Vemos con los ojos y los ojos tienen párpados, y los párpados se pueden cerrar; pero los oídos no tienen párpados: ¡si no quieres oír ¡tienes que abandonar el lugar! La diferencia entre el impacto visual y el impacto sonoro es enorme. Algo del primitivo instinto de supervivencia se mantiene en nuestra alerta interior como ‘monos recientes’ que somos. La lectura es un proceso mental de elaboración muy complejo; la escucha, sin embargo, parece guardar una relación instintiva, de alerta, con la supervivencia. Es una opinión, pero pienso que esta es una estratagema que nos está jugando el instinto de supervivencia. Leer es un gesto de valor impagable, pero la supervivencia está por encima de la lectura. Al menos hasta que se demuestre lo contrario.









