
El Sol es el centro de referencia de nuestro universo más cercano y cotidiano: el sistema solar. Es nuestro ‘barrio’ del universo y está situado a las afueras de uno de los cuatro brazos de nuestra galaxia-madre, la Vía Láctea.
Hace muchos años, una persona muy introducida en el mundo de la Astrología me explicó una historia que resumía el tránsito de la idea, desde su destello inicial hasta la consolidación y aceptación colectiva, a través de la simbología de los planetas y la explicación me pareció tan apasionante que quiero reproducirla aquí. La comprensión de este tipo de razonamiento solo es posible si se tiene en cuenta la evolución de nuestra capacidad de percibir el mundo en términos evolutivos: los humanos elaboramos primero el pensamiento mágico, luego el simbólico y más tarde el científico. El hecho de que el pensamiento científico sea ahora el ‘oficial’, en nuestros días, no invalida las dos etapas anteriores, puesto que sobre cada estadio de la evolución de la comprensión del mundo se ha construido el andamio de su posterior grado evolutivo (preguntand a una mujer sobre su ‘impresión’ a cerca de algo y luego corroboradlo. Ellas están ligadas a la continuidad de la vida y tienen ‘un algo intuitivo’ que desorienta a los varones; sin embargo – y por contra – son capaces de cometer errores en aspectos de la realidad inmediata, más predecible: los hechos; las hembras suelen intuir cosas poco comprensibles más allá de la razón predecible). Es cierto que el pensamiento científico es de una exactitud implacable, pero – por la razón que sea – los humanos también intuimos y no pocas veces de forma certera. Esta es, en resumen, la mecánica de la idea que quiero transmitir.
El Sol es el principio generador de todas las cosas, al menos en nuestro ‘barrio’: pocas dudas puede haber a cerca de esto.
El planeta Mercurio – esto acaba de ser descubierto hace muy poco – contiene un núcleo magnético que representa el sesenta por ciento de la masa total del planeta, cosa que le convierte en el ‘imán’ prácticamente más poderoso del sistema solar. No existe ningún planeta con semejante masa de nuclear magnética en nuestro sistema solar.

El dios Mercurio representa el nacimiento primigenio de la idea, el destello mismo de lo nuevo, la nueva manera de hacerlo o de la otra vertiente, enteramente distinta, de concebir o proponer lo que ya es conocido. La imagen del casco del dios alado es ya lo suficientemente reveladora. Es la chispa, el propio germen de una nueva forma de ver, o de una forma distinta de reconducir lo mismo que existía, pero de otro modo.

No puedo explicarlo porque no tengo la suficiente seguridad como para hacerlo, pero la simbología de la diosa Venus siempre ha representado las pasiones, la duda, la incertidumbre en el momento de elegir, el ¿qué será si hago esto.?… La idea se pone en cuestión, aparecen las dudas en el momento de llevarla a la práctica y en el fondo hay que tomar una decisión sobre la forma de impulsarla hacia el futuro. Es un momento importante.

La Tierra representa el momento de asumir la decisión, allí donde la idea se encarna y se proyecta sobre el futuro.

Marte siempre ha sido principalmente asociado con el dios de la guerra, pero la idea de base es la que cuenta: es el propio movimiento, la dispersión bajo una fuerza impulsora, el rasgo característico de Marte. Para bien o para mal, la idea es impulsada por el influjo expansor de Marte.

Júpiter es el gran benefactor, de modo que cuando la idea consigue caer bajo su influjo, las vertientes positivas se potencian y puede producirse una enorme difusión y aceptación del concepto base, de la comprensión global del concepto, con todas sus consecuencias.

Desde siempre se ha dicho – y yo no sabré argumentar el porqué – que Saturno es el gran obstructor. Así que el tránsito de la idea puede llegar a Saturno y quedar totalmente bloqueda, o por el contrario, ‘pasar el filtro’. De ser así, la idea ya tiene un enorme potencial de futuro.
Al llegar a este último tramo del sistema solar, mi amigo me informó sobre la coincidencia, prácticamemnte sincrónica, del descubrimiento de los planetas Urano (coincidiendo con el descubrimiento del subconsciente), Neptuno (con el Inconsciente) y Plutón (con el Inconsciente Colectivo).
Yo no puedo saber hasta que punto la historia es o no fiable, pero la explicación de la evolución, desde la aparición de la idea hasta su asentamiento en el inconsciente colectivo, desde el punto de vista simbólico-planetario, me pareció de una lógica aplastante.
URANO

NEPTUNO

PLUTÓN

(Fotos, fuente: NASA)