MATEMÚSICO


Gabriel Fauré: Pelleas et Melisande – Boston Simphony Orquetra – Dir: Seiji Ozawa –
Igor Stravinsky: Le Scare du Printemps – Pétrouchka – L’oisseau de feu – Pulcinella –
Paul Hindemith: Complete wind concerts –
J S Bach: Music for Lute – Harpsichord
He estado escuchando estos cuatro discos durante el último mes y medio. Todos musicazos, estos cuatro compositores se acercan a la expresión musical de formas totalmente distintas. Fauré es delicado y extremadamente respetuoso con la fragilidad de la música; Stravinsky no se consiente un momento de indecisión, de duda, y todo cuanto compone ha de estar bien definido, sin un resquicio que pudiera diluir la intuición del oyente; a Hindemith he de acabar de asimilarlo del todo, pero estos conciertos de viento contienen un sentido armónico muy poderoso, un equilibrio y una finura en el gusto que me ‘amarran’ (y entonces ya no puedo pensar).
El cuarto disco, ‘Música para laúd y harpsichord’ me ha llenado. Cada vez estoy más convencido de que hay una música perfecta para un momento, de reloj, vital u ocasional. Bach fue capaz de mostrar – y demostrar – que existe un lugar compartido en el que conviven la intuición musical y la intuición matemática. A mi entender nadie ha conseguido explorar ese territorio como él. Es un matemúsico. El tesoro de la música es la evocación, la capacidad de vivir y hacer nuestros espacios interiores que ni siquiera sabíamos que estaban ahí. Hay muchas calidades de evocación, como hay también muchas formas lógicas, pero desde mi punto de vista ninguna combinación de lógica y evocación puede acercarse a la conseguida por Bach. Es sólido pero no rígido, cerrado pero no previsible, coherente pero no dogmático, etc. Cada vez que oigo decir: “Números cantan”, lo pienso de forma literal. Eso es Bach.




