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TRÍO – ACÚSTICO – KEBRA DISCOS

31/10/2008

Tocar en una pequeña tienda de discos especializada en desclasificados, rarezas, vinilos históricos, etc., rodeado por una buena parte del material interesante que ha conformado la historia de la música de las últimas décadas, es toda una impresión. Albert nos propuso este concierto y nosotros lo aceptamos encantados de la vida. Él viene haciéndolo desde hace años, en solitario, cada otoño.
Éramos pocos (y parió la burra… al menos un poquito, para bien), porque el lugar es pequeño y la asistencia – apenas diez personas, músicos incluidos – se vio limitada por la ley del boca-oreja. Yo lo pasé bien, fue un concierto distinto, acústico, con tres españolas, en el que exploramos un poco más la forma de relacionarnos musicalmente. Sigue siendo difícil, no nos engañemos, es ‘material sensible’, son tres mundos y no vallar el campo comporta muchos riesgos. Recientemente he escuchado unas grabaciones que hicimos con las tres españolas y hay un tema que me atrae especialmente. Pienso que por esta vía queda potencial por explorar.
Nada que ocultar.

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AQUI ESTÁ LA CRÍTICA DE TOMAJAZZ

ALBERT GIMÉNEZ – RAMÓN SOLÉ – RAFAEL ZARAGOZA

Fecha: Domingo, 26 de octubre de 2008
Lugar: Kebra Disc (Barcelona)
Componentes:
Albert Giménez (guitarra española)
Ramón Solé (guitarra española)
Rafa Zaragoza (guitarra española)
Comentario:
Desde que tocaron en directo por primera vez hace justo un mes en la sala Heliogàbal (concierto que reseñamos entonces en Tomajazz), Albert Giménez, Ramón Solé y Rafael Zaragoza han tocado dos veces más. La segunda fue una breve intervención en una galería de arte en la que tuvieron que combatir el ruido de la calle (no había puertas y se colaba todo: persianas metálicas, bocinas, etc.). Y esta tercera, realizada en un espacio pequeño pero magnífico, la céntrica tienda de discos barcelonesa Kebra, con los guitarristas metidos entre las cubetas de vinilos. Una actuación en petit comité.

Una diferencia con respecto al concierto en Heliogàbal: esta vez iban de acústico, con tres guitarras españolas. Una cosa que estoy aprendiendo viendo a este trío es que juntar tres guitarras y ponerse a improvisar con ellas no es cosa fácil. Es cierto que tienen estilos bien distintos los tres. Eso por un lado es bueno, pero por otro no tanto. Cuando las cosas fluyen, esos tres modos de hacer dan espacialidad y fantasía a la música. Por el contrario, cuando hay algún embotellamiento, esas cualidades pueden pasar a convertirse en dispersión y capricho. Afortunadamente, la velada en Kebra tuvo muy, muy poco de esto último y bastante de lo primero. Pero, como decía, para mí está siendo muy importante verlos tocar. Estoy entendiendo cosas y pasándolo bien. Desde mi humilde condición de simple aficionado quizá tiendo a ver las cosas simplemente como un resultado, el final de un proceso. Y no es sólo eso –que también, naturalmente– sino que hay una serie de factores que puede que no sean imprescindibles para enjuiciar la música pero que cuando los conoces te enriquecen.
El concierto consistió en dos partes de dos improvisaciones cada una. Con respecto a la actuación en Heliogàbal, aquí se les vio más relajados, más tranquilos. Y eso se tradujo en que el concierto fluyera la mar de bien. No se estancó a pesar de algún embarrancamiento puntual. La música que extraían era suave, con algo juguetón corriendo tras ella. Una cosa que creo que es remarcable es que a pesar de estar improvisando no se acercan a temas y sonoridades graves y abstrusas. Supongo que ahí se nota mucho el gusto y la mano tanto de Zaragoza como de Solé. Ya lo dije en la anterior reseña pero vuelvo a ello: esa luz especial que tiene su sonido. Y eso les da personalidad. Hay que señalar que lo que hacen no es improvisación libre en el sentido estricto (de hecho, de los tres, tan sólo Giménez la ha practicado durante bastante tiempo). Siempre tienen algún motivo, acorde o base sobre la que ir construyendo. Y a mí eso me gusta porque es otra cosa: no es rock, no es jazz, no es improvisación, aunque las tres cosas y tantas otras las encontremos espolvoreadas por aquí y por allí.

Sé que ellos son muy críticos con los resultados, pero hay que decir que desde fuera, como ese aficionado de a pie que he dicho que era, valoro y aprecio más el camino emprendido para conseguir que las cosas estén en su sitio que no el hecho de que lo estén. Me parece que hay una dimensión humana en esa lucha que revierte en la música. Le confiere una emoción especial y eso no tiene precio. Por no hablar de la pasión con la que han estado tocando, tanto en sus ensayos como en estos tres directos. Y de ese apasionamiento tampoco puede presumir cualquiera. De otro modo, una propuesta difícil como esta, y más por estos lares, no la acometerían.
Sé que tienen planes de editar algo con algunas de las improvisaciones y temas que han estado grabando durante el verano y hasta ahora. Y me gustaría que tiraran eso adelante, pero también me gustaría seguir viéndolos como en Kebra, o en Heliogàbal. El directo, para los buenos músicos, aquellos que son capaces de comunicar, es la suerte máxima.

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Para acabar, mencionar otro guiño cinéfilo de Zaragoza (un tanto inactivo en la primera parte, totalmente metido ya en la segunda): los primeros acordes del tema principal de Goldfinger, que tocó con amplitud y elegancia, permitiendo así que sus partenaires fueran acomodándose a ese espacio virtual.

Texto: © 2008 Jack Torrance

TROZOS DE VIDA

21/10/2008

DINERO ES PAPEL

Esto de aquí arriba es un papel con valor de intercambio. Las personas trabajamos para conseguirlo y en el mundo en que vivimos es prácticamente imposible sobrevivir sin él. A lo largo de unos dos mil años se ha desarrollado un sistema que basa la supervivencia, cuando no la existencia, en la posesión de muchos de estos papeles.

Puesto que el trabajo es imprescindible para vivir y el salario se paga con estos papeles, es muy difícil escapar del mecanismo monetarista instaurado y, por lo que se ve, aceptado por todos.  A fuerza de manejarlo de una forma cotidiana hemos acabado construyendo un esquema mental sobre su valor que parece irreversible. Sin estos papeles sencillamente no se vive. Y para mucha gente de este mundo, es verdad (para otros, comparativamente, es mentira). Pero para mucha gente de este mundo estos papeles son una trampa, una ratonera, porque sin ellos no se puede vivir y para poder tenerlos hay que entregar la vida a cambio. Hagas lo que hagas, te quedas sin vida.
No es verdad que los bancos tengan ‘recursos, bienes, depósitos, carteras o acciones’, los bancos EN REALIDAD tienen millones y millones de horas de vidas humanas atesoradas.
Nunca pensé que llegaría a vivir lo que estoy viendo.

PAUL METZGER

17/10/2008

METZGER 2

Recientemente he ido a escuchar a Paul Metzger, de quien solo conocía un par de vídeos y alguna referencia lejana. Un amigo me propuso asistir al concierto y fuimos juntos.

Si escribo estas líneas es porque lo pasé bien y disfruté con su manera de entender la música – no es un estándar al uso, ni mucho menos – Vale la pena ver cómo un músico piensa-siente sin interrupciones, cómo ha trabajado su propia expresión e incluso su propia idea del instrumento – en este caso un banjo de doce cuerdas con otras doce de resonancia, electrificado, tocado con arco de violín, etc. – Hubo momentos muy cercanos a la idea de lo que se identifica como ‘raga’, también silencios tensos o delicados, o ritmo enérgico, al borde de la rotura de las cuerdas, así como una especie de lirismo indefinible, nada autocomplaciente. Vaya, que me gustó. Hablé un poco con él y se mostró muy receptivo y simpático.

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Contrarimente, ayer noche fui a otro concierto y no me gustó. Comprendo que cualquier aproximación a lo que alguien considere expresión artísitica es tan buena como la que más, eso no se toca. Pero también comparto con el ‘escuchador’ su libertad para decidir si aquello le sobrepasa – por la razón que sea – y entonces decide marcharse. Eso hice yo, me fui (y muy pocas veces lo he hecho). ¿La razón?, me estaban taladrando los oídos; hubo un momento en que temí por mis tímpanos.

Ni todo lo ‘normal’ está cuestionado por el hecho de serlo, ni todo lo raro es ‘bueno’ por el hecho de ser raro. Tan pernicioso es el culto al ‘bonitismo’ como al ‘feísmo’, como al ‘rarismo’ como al ‘normalismo’. No me gustan las militancias, vengan de donde vengan. Reivindico la libertad de espíritu y eso lleva consigo, también, la libertad de oreja.

EXPOSICIÓN – EL LOCAL – JUEVES 9 DE OCTUBRE

7/10/2008

VENTANA HORTA 3BO.jpg

MOTG – HELIO – 27 -SEPT -08

2/10/2008

MOTG 1

Reproducimos la crítica del concierto del día 27, publicada en Tomajazz y firmada por Jack Torrance. Está claro que Jack conoce muy bien la trayectoria de cada uno de nosotros, y aunque hay matices que no compartimos, la crítica es seria, bien documentada y en términos generales consideramos su opinión como fundada, cabal. Gracias Jack por haber asistido, tan atento, a nuestro concierto. Nos habría encantado saludarte personalmente.

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CRITICA TOMAJAZZ MOTG
MEETING OF THE GHOSTS
Ciclo “Músiques disperses”
Fecha:Sábado, 27 de septiembre de 2008.
Lugar: Heliogàbal (Barcelona).
Componentes: 
Albert Giménez (guitarras eléctrica y española)
Ramón Solé (guitarras eléctrica y española)
Rafael Zaragoza (guitarra eléctrica)


Comentario:
He de confesar que sentía una gran curiosidad por ver qué hacían estos tres guitarristas juntos. Viejos conocidos del ambiente musical de Barcelona desde los años 70, nunca habían tocado los tres juntos pese haber compartido un buen número de compañeros de bandas y grupos. Rafael Zaragoza “Zarita” y Albert Giménez habían tocado a principios de los 80 dentro del conglomerado que fue Naïf y del que surgió un estupendo disco doble. Algo después, Zarita y Ramón Solé funcionaron un tiempo como dúo. Pero, poco más y, desde luego, nunca como trío. 
De izquierda a derecha: Ramón Solé, Rafael Zaragoza y Albert Giménez.

Hay dos cosas que me gustaría destacar previamente. Una, que los años 70 fueron concitados por activa y por pasiva. Y, dos, la combinación de 3 guitarras, un instrumento y una combinación por los que siento debilidad. En cuanto a lo primero, no era extraño. Los tres estuvieron en algunas de las bandas barcelonesas para mí mejores de aquella década: Zarita en Slo-Blo y Secta Sònica (siempre junto al gran Gato Pérez); Solé en BAF y Tropopausa; Giménez en Suck Electrònic Enciclopèdic, Macromassa y Neuronium (los inicios de estos últimos pues luego, tras la marcha de Albert, se convertirían en un pestiño). Todo esto en cuanto al bagaje personal, pero aún hubo algo más y más íntimo, las referencias, lo que llevan en el corazón. Hubo algunas citas bien significativas. Un homenaje a Bacharach* con el que abrieron, una preciosa versión de Hanillo de Música Dispersa, o comentarios fugaces a temas de Iron Butterfly y hasta de Deep Purple. Y en cuanto a lo segundo, en fin, sólo decir que el abajofirmante está en esto de la música en el fondo por las guitarras que escuchó de adolescente. Vaya un saludo a todo aquello pues.
Entrando ya en materia, por lo dicho hasta ahora parecería que la sintonía entre los estilos de Giménez, Solé y Zarita debería ser total. Y nada más lejos de la verdad. A pesar de ser del mismo lugar y pertenecer a la misma generación, las características de cada uno son bien distintas, incluso dispares, como lo eran Secta Sònica y Tropopausa, o cualquiera de estos y la nutrida carrera en solitario de Albert Giménez. Cada uno de ellos ha tenido y tiene sus características particulares. Zarita, en consonancia con lo que ha hecho, se mostró el más jazzero y estructurado, los temas cuando se esbozaban surgían de sus cuerdas. Giménez, en contraposición, se contuvo sin dejar de ser el indómito del grupo, el que trajo huidas y algunas soluciones inesperadas. Solé, finalmente, estuvo entre líneas, acertado, atento y desempeñando tal vez el papel más complicado (debió tocar más la española de lo que hizo).

De izquierda a derecha: Ramón Solé, Rafael Zaragoza y Albert Giménez.
© 2008 Jack Torrance 
Así que el primer problema, del que los tres músicos fueron conscientes desde el primer ensayo, según declararon, estribaba en hacer congeniar sus diferentes sensibilidades y maneras de tocar (la admiración entre ellos ya existía). Y una de las cosas que más valoro de esa noche es como plantearon el encuentro a la luz de lo que acabo de decir. Y no fue por la vía de la batalla sino del entente, del cederse espacios y alturas. Y probablemente fue también este el aspecto en el que más flojearon. Normal: este era el punto crítico de la noche. Cómo iban a escucharse entre ellos y a ser escuchados en su escucha. Pero, insisto en que la valoración a mi juicio es positiva. Creo que si abundan pueden acercarse a ese consenso que los podría convertir en un trío estable de entidad (mucha gente y con mucho menos que decir que ellos lo hace).
Musicalmente, el resultado fue un fluido de ocurrencias y gustos tras lo cuales se apreciaba el quehacer de cada uno. Hubo algunos momentos libres y hubo efluvios layetanos, pero sobre todo la música transmitía calma y sensaciones en el fondo agradables. Respecto a cosas que sonaban layetanas, en el fondo no lo eran tanto me parece. O quizá sí. A fin de cuentas, tal vez lo layetano no sea más que un clima, una temperatura y una luz, un modo más que un estilo. Pero, de hecho, el único que tuvo que ver con aquella movida era Zarita, a menos que consideremos Tropopausa y su disco homónimo como pos-layetano, lo que no es nada descabellado. Pero, vuelvo a decirlo, la impresión que tuve es que lo que había de layetano en el aire provenía de esa manera de tocar taimada y mediterránea, de andar suelto, con las manos en los bolsillos, o de montar en tranvía. Y cuando Solé, pero sobre todo Zarita, se quedaban demasiado en ello, ahí estaba Giménez para dar un volantazo y vuelta a empezar, y después, a la inversa.
Y esa idea de ciclo es la que me queda. ¿Qué otra cosa no es un trío de guitarras sino un círculo? Y ellos lo cumplieron y lo cerraron por lo que, a pesar de ciertos bajones, vacilaciones y pequeñas incongruencias, demostraron ser un trío de guitarras de ley. Y eso era lo más difícil.
© 2008 Jack Torrance
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Fue What’s New Pussycat? y fue especialmente emocionante, aunque no fuera Raindrops Keep Fallin’ on My Head, en el triste día en que nos enterábamos de la muerte de Paul Newman, un cineasta de tomo y lomo, que dirigió las estupendas El efecto de los rayos Gamma sobre las margaritas y Harry e hijo, y que hilvanó papeles como el del desgraciado abogado de Veredicto final (RIP).
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