
Unos tres meses atrás, casualmente, se me cayó un imán de las manos. Estaba revisando las pastillas – la guitarra plana, conectada al ampli, sobre una mesa – y el imán cayó justamente sobre las cuerdas a la altura de la pastilla de agudos. No se me había ocurrido pensarlo nunca, pero al ser la pastilla también un imán, en un instante se produjo un efecto sonoro curiosísimo que atrapó enseguida mi atención. El imán vibraba sobre las cuerdas, en zigzag, cada vez con más rapidez produciendo un zumbido misterioso. Atrapado por la curiosidad repetí el ‘accidente’, esta vez con muchísimo más volumen, dejando caer el imán sobre zonas distintas del campo de cuerda. Me sorprendió, por segunda vez, un efecto que no era el que andaba buscando. A grandes volúmenes, cualquier roce con el instrumento produce una emisión de armónicos puros, no asociados a la fundamental. Y ahí me quedé atrapado.
Hay un pensamiento de Stanislaw Lem que simpre me ha gustado, “Las ideas son como los piojos: todo el mundo puede tenerlos, pero no a todos pican”. Y a mi esta idea me picó. A través de efectos electrónicos pude ampliar el rango de frecuencias, los armónicos resonantes. Después llegó la manipulación con objetos y finalmente la propuesta al violoncelista Pere Cardoner, quien amablemente aceptó compartir en directo la exprimentación a tiempo real.
Tres meses después de haber iniciado esta pequeña aventura tengo toda la impresión de que existe un territorio sonoro inmenso, con muchas peculiaridades que esperan ser descubiertas. Y para llamar a las cosas por su nombre, soy consciente de que apenas acabo de tomar el primer atajo que hace posible la exploración de ese territorio. Jueves, 8 de enero de 2009 en Elèctric, Trav. de Gràcia-Bailén, a las 22 h.

Vídeo, fragmento 1. Guitarra, mazas, kalimba realimentada, efectos digitales y violoncelo:
CLIP 1 ELECTRIC – 8 ENERO 2009