ORIOL PERUCHO: LA AUDICIÓN
AUDICIONES PÚBLICAS DE COLECCIONES PRIVADAS – CABARET HOFFMAN
(LA COVA DE LES CULTURES- Carrer de L’Angel, 12- Gràcia, Barcelona)


Como parte del ciclo de actividades organizadas por Cabaret Hofmann, ayer tuvo lugar la audición comentada del material discográfico seleccionado por Oriol Perucho. Una iniciativa muy bien pensada para los músicos (y los no músicos), con esta actividad se pretende divulgar las líneas maestras que definen un gusto personal. Puede que quien expone sea músico o no, pero en último extremo la idea es extraer de la discoteca personal aquello que nos ha atraído más, por una razón u otra.
Por norma general las discotescas privadas suelen estar orientadas en una dirección muy clara, en el sentido de un estilo o un acercamiento que prima una tendencia musical sobre otras. Así suele ser la discoteca privada. Pero en el caso de Oriol las cosas no son exactamente así. Tengo la suerte de conocerle desde hace mucho tiempo y sé de su habilidad para localizar la idea importante del hecho musical, enmarcándola en el lugar perfecto. Desde la eschucha casí microscópica hasta el ‘vista de pájaro’, a lo largo de muchos años ha desarrollado una enorme capacidad de discriminación. No es de extrañar, porque además de conocer la información estrictamente musical se ha ido documentado sobre épocas, estilos, artistas, tendencias, familias musicales, etc., etc.
No podía perderme la escucha comentada de esta ’selección de la selección’, made by Perucho. Salvo por algún problema técnico con los reproductores fue una velada interesante, sin lugar a dudas una selección de lujo del eclecticismo musical visto desde la realidad poliédrica de la música. Desde los primeros experimentos con la esterofonía, el extravagante meddley que Quincy Jones hizo de una banda sonora propia, una alucinante versión del ‘Colours’ de Donovan, o el redescubrimiento de la música compuesta por George Harrison para la película Wanderwall, pasando por el desconcertante y creativo falsete de Tiny Tim o un ‘a capella rítmico’ japonés del año 1992, todo el material seleccionado por Oriol contenía siempre un elemento sorpresa, no gratuito, no para deslumbrar, sino musical, creativo y valiente.
Con toda franqueza, de vuelta a casa se me ocurrió pensar que estas cosas habría que enseñarlas en las escuelas, ‘jartitos’ como estamos de lo musicalmente repetitivo, predecible y pobre.
(Gracias a Quilpil Quílez, por las fotografías)


