TEO-ETIMOLOGÍA

Hemos vivido tantos siglos bajo la influencia de los credos religiosos que nuestros vocabularios se han plagado de palabras que contienen la raíz ‘dios’. Además de las que giran en torno al hecho religioso (teología, ateo, politeísmo, etc…) otras muchas contienen la raíz ‘theós’ y sin embargo se desmarcan, incluso se oponen a su significado original. La etimología no es ‘el significado de las palabras’, sino la historia del uso que los humanos hemos hecho de ellas a lo largo de milenios.
Nombres arcaicos:
TEÓFILO – El que ama a dios
TEODORO – Don de dios, regalo de dios
TEODOSIO – El que da a dios, (el equivalente latino vendría a ser Deodato)
TEOFRASTO – De habla o estilo divino.
Dos ‘teo-significados’ interesantes:
PANTEÓN
Literalmente, todo (pan) dios (theós). Durante las épocas griega y romana, no sólo hubo templos consagrados a divinidades individuales, sino que hubo también templos de culto a todos las dioses. Fueron los panteones originales.
El rey Luis XV de Francia, (1710-1774), había encargado la construcción de un edificio que originariamente se concibió como iglesia. Tras la revolución francesa aquel edificio fue finalmente destinado a albergar los restos de personajes ilustres. Probablemente debido al influjo de la cultura francesa en Europa durante ese período de la historia, la palabra panteón pasó a tomar la acepción de ‘lugar donde se entierra a varias personas’. Una traslación curiosa, si pensamos que en el sentido original el panteón albergaba a los dioses y, finalmente, acabó acogiendo a los hombres. Aunque tuvo que haber una revolución de por medio para que esto ocurriera.
ENTUSIASMO
La raíz central de la palabra es theós – dios – y proviene del griego clásico, enthousiasmós. En su significado original, la palabra procede de las consultas que los ciudadanos griegos hacían a sus dioses a través de las sibilas, quienes ejercían como ‘intermediarias’. Los oráculos cumplían una función social muy importante en el pensamiento religioso de los griegos, ya que allí iban a parar siempre las inquietudes más serias, más profundas de los ciudadanos. Tras la consulta, la sibila solía caer en una especie de trance, como poseída por los dioses, que es el significado literal de la palabra. Ese ‘entusiasmo’ original del templo griego pasará más tarde a la lengua popular, se humanizará con otra perspectiva, que conserva más la forma que el fondo de la idea: una persona con una gran convicción se expresa como poseída por una corriente interior intensa que en cierto modo ‘se apodera de ella’. La fuerza interior de la vivencia que impulsa la transmisión apasionada del mensaje, es el entusiasmo de hoy.
Las palabras nos sobreviven y con el transcurso del tiempo engordan como las cebollas, acumulando nuevas capas de matices y significados. Mientras las usemos siempre estarán vivas.








