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REFLEX 9

31/08/2009

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OTRO BERLIN

29/08/2009

Conocí Berlín por primera vez hace muchos años, tantos, que todavía existía el muro. Aquella primera visita me dejó un sabor amargo en la boca, en buena parte por causa de los controles del Checkpoint Charlie, un auténtico cerrojo fronterizo que por alguna razón incomprensible nos saltamos a la torera. La visión del mundo que había tras el telón de acero, de la vida cotidiana en la entonces DDR, te helaba el alma. Los paisanos vestían ropas idénticas, en tres o cuatro colores distintos, no había carteles ni vallas publicitarias, las calles de las pequeñas ciudades eran escuetas, con bloques de construcciones funcionales repetidos hasta la saciedad, y puede que sea una apreciación subjetiva, pero a mi me invadió una sensación de tristeza implacable. Los coches de policía llevaban un rótulo, Volkspolizei y el café del pueblo era también un Volkscafe. Todavía no puedo comprender cómo conseguimos atravesar los controles que permitían el acceso al bloque del este, pero así ocurrió. Alguien debió meter la pata.
El Berlín que acabo de ver es ahora otro mundo, enteramente distinto. Es una ciudad inmensa, que transmite una sensación de holgura, de espacio vital, como no he visto en otras capitales europeas. Recuerdo que cuando era crío intentaba imaginar cómo iban a ser las ciudades del siglo XXI, y estando en el Berlín de hoy he tenido la sensación de haber vivido, aunque fugazmente, en el futuro. Es una megalópolis del siglo XXI. Una vivencia que no se puede explicar, hay que vivirla.
Es cierto que los berlineses tienen una carácter un poco peculiar, pero por lo que a mi se refiere, en todo momento me he sentido atentido, tratado con respeto y consideración. En contra de lo que pensaba – ¡ el estereotipo, ya ve usted! – los alemanes son paridores, ingeniosos, tienen chispa y un sano sentido del humor, aunque no puedo definirlo exactamente. Más que serios, diría que son formales. Y el respeto por las ideas de los otros es intocable – o a mi me lo parece. Y hablando de las ideas, mejor no compararse con los alemanes, porque saldrás perdiendo.
No es lo mismo vivir en la zona del Tiergarten que en Kreutzberg, son como universos paralelos, y sin embargo la propia ciudad te transmite una sensación de tolerancia, como de multimundo, poderosa y serena a la vez. Todas las personas que conozco que han visitado Berlín me han transmitido sus vivencias agradables, siempre positivas. No hay paro en Berlín. La actividad cultural es extraordinaria y el berlinés es muy de salir, de estar en la calle, incluso en invierno. La comida, el alojamiento y la vida cotidiana son asequibles. No es una ciudad cara.
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