LA RELATIVIDAD, POR EINSTEIN
En esta antigua filmación Einstein explica de forma my sintética la idea central de la relatividad. ‘Materia y energía son manifestaciones de un mismo fenómeno’, es decir que la materia y la energía son lo mismo (de ahí el signo = en la ecuación), bajo unas condiciones determinadas. En Hiroshima, un gramo de uranio pasó a ser energía.
He de confesar que me costó mucho entender el concepto. Y no porque la idea se me hiciera difícil de asimilar, sino porque frecuentemente verdad y realidad no son la misma cosa. Lo verdadero no significa necesariamente lo real. Mi problema estaba en la frontera que separa la realidad de la verdad. Hasta que un día me di cuenta de que la ecuación de Enstein era verdad porque era real, y también era real porque era verdad. A partir de entonces quedé atrapado por la potencia y profundidad que irradia esa ecuación. Poco después, en algún artículo, leí una frase que me impresionó: ‘La Relatividad de Einstein abrió las puertas del cielo y las del infierno‘. Me pareció una forma muy certera de definir las implicaciones , lo bueno y lo malo, que emergían de una visión enteramente distinta de… ¡todo!
El significado de las palabras es muy resbaladizo. Es verdad que nos ayudan a definir la idea, cuando no a cercarla para que la intuición de nuestro interlocutor haga el resto. Creo que debo haber leído el Tao unas cincuenta veces y ninguna de ellas me pareció el mismo libro, por esa razón pienso que es un libro vivo, llamado a perdurar en el tiempo. Una parte de mi forma de ser tiene que ver con el taoismo, con el intento de comprender el equilibrio que genera la dualidad. Pero últimanente ese edificio, que parece tan lógico, ha empezado a tambalerse por causa de dos palabras que, al menos yo, he usado con demasiada ligereza: opuesto y contrario. Además de los matices que opuesto y contrario puedan tener según el contexto, está claro que su significado más primario es muy distinto. Pero sí comparten una idea de fondo, la necesidad de la existencia de dos referentes. Y eso nos lleva de nuevo a la dualidad, porque contrario y distinto tienen su razón de ser en la dualidad. No voy a seguir por este camino porque la semántica no es lo mío. A lo que vamos…
Si yo no lo he entendido mal, la proeza intelectual de Einstein consistió en unificar conceptos que históricamente habíamos mantenido separados, aislados. Con la Relatividad, las parejas espacio-tiempo y materia-energía quedan definitivamente atadas, solidificadas en una sola cosa. Lo que antes era de naturaleza dual aparece ahora bajo la forma de bloque sólido.
Todos hemos usado alguna vez las comparaciones ‘esto es como el frío y el calor‘ o ‘ es como la luz y la sombra‘ y a fuerza de utilizarlas con tanta alegría hemos acabado construyendo una imagen mental falsa, como si frío y calor, luz y sombra tuviesen existencia por si mismos. Pero no es así. En el mundo real la luz si existe, la sombra no, porque la sombra es la ausencia de luz; del mismo modo, existe el calor pero no el frío, porque el frío no es otra cosa que ausencia de calor. No existen las estrellas que emitan frío y sombra. La dualidad aquí pierde el sentido, porque tanto en un caso como en otro solo exise una fuente de realidad, la luz y el calor. La singularidad física choca de frente con la dualdad mental.
En lenguaje coloquial, me sale decir que esto me tiene un poco mosqueado, la verdad. Porque a medida que he ido interesándome por los avances de la física moderna (auque soy un dominguero del tema, lo confieso), más y más intensamente veo que nos acercamos a la gran unificación. Entonces la dualidad se me queda como en segunda regional, ya que vendría a ser como el mecanismo necesario para que las cosas ‘pudieran ocurrir’. Pero a más aumentos, más sentido cobra la unicidad, la singularidad del fenómeno complejo, del todo o como quiera llamarse. Hasta aquí he llegado a trompicones.
Y ahora resulta que los físicos están comenzando a hablar del Multiverso, es decir de la posibilidad de que existan tantos universos como podamos imaginar. ¡Socorrooo!, ahora que creía haber entendido alguna cosa, ¿volvemos a empezar?, porque en el fondo ¿no es ésta la cosmología de las mitologías arcaicas? El mundo se apoya en un elefante, el elefante en una tortuga, ésta en otra tortuga y así hasta la eternidad.
Sigo interesado en el tema, pero confieso que ahora mismo estoy completamente perdido.





