EVRU – ANTES ZUSH – CON AIXÓNOÈSPANIC
Aunque su nombre ¿real? sea Alberto Porta, es conocido (y reconocido) en el mundo del arte contemporáneo como Zush. Bueno, a lo largo de una primera etapa al menos, porque desde hace unos diez años su nombre pasa a ser Evru.
Le descubrí hacia finales de los ochenta. Y lo primero que me sorprendió fue su historia, su biografía.
Internado en un manicomio, apenas si pone el pie en el lugar cuando se le acerca un esquizofrénico y le saluda: “Hola Zush”. De este modo nace su primer nombre artístico (por alguna extraña razón, aquel esquizofrénico creyó saber, de una forma incuestionable, que el recién llegado tenía que llamarse Zush). Si no he comprendido mal sus propias palabras, la estancia en ese lugar espolea su ya potente imaginación creadora. Profundiza en los límites que separan la locura de la cordura, la ‘normalidad’ de la patología. La convivencia con sus compañeros del centro le hace ver el enorme potencial creativo de ‘la locura’. Las tormentas de la mente que distorsionan la realidad son capaces de crear auténticos mundos, en el sentido literal de la expresión.
Quizás por eso Zush decide crear conscientemente su propio mundo, no solo emocional, mental o plástico, sino también la expresión física de ese mundo. Crea un alfabeto propio, un país, una bandera, un himno y una moneda.
En 1989 compré Els llibres de Zush, publicación en la que se recoje de forma exhaustiva una gran parte de la producción contenida en sus ‘libros de arte’. Gracias a ese libro me doy cuenta de su enorme potencial creativo. Es fuerte, directo, brutal, tierno, denso, abigarrado, delicado, provocador, hiriente, pero siempre – al menos desde mi punto de vista – su obra transmite verdad, como un halo de lucidez brutal.
Si no recuerdo mal, hacia el 2000 el MNAC presentó una exposición del último Zush (antes de que pasara a llamarse Evru), donde se podían contemplar unas 300 obras procedentes de colecciones privadas y museos de Europa y Estados Unidos. Me entusiasmó. Zush no quiso que esa exposición fuera un ser pasivo, muerto, más bien al contrario, proporcionó a los visitantes una serie de herramientas personales para que aquel que quisiera creara lo que le pareciera mejor. Y para romper el hielo del ‘artista distante’ montó en el museo una tienda de campaña y se alojó en ella.
Interesado prácticamente por cualquier forma de expresión artísitica – desde la tinta china a la tecnología digital – Zush es también músico. Toca el moog. Mañana, con Aixnóespànic, actúa como invitado especial en el bar Eléctric, junto a Victor Nubla, Quico Samsó y Albert Guitart. La última Impronit de la temporada. Una buena oportunidad para verle en acción.
Sigue impresionándome su tremenda capacidad creativa. Me declaro incondicional de Zush y también de Evru.
Aquí, el enlace a su página:
http://www.evru.org/







