¡ HELLO RICHARD !
Hace ya unos cuantos años que nos conocemos, y por eso cuando Richard Stallman viene a mi ciudad solemos compartir un buen rato con una charla agradable y una buena comida de por medio, ¡eso que no falte! Stallman es una de las personas más singulares que he conocido a lo largo de mi vida, si no la que más. Su capacidad de discriminación sobre el núcleo central de la idea es asombrosa, hasta tal punto que hay que aprender a entender el funcionamiento implacable de su razonamiento lógico, de lo contrario la relación, el diálogo, pueden salir seriamente resentidos.
Hoy he sabido que Richard recibe una media de 12.000 correos electrónicos cada mes y eso conlleva un trabajo descomunal, aunque no todos sean directamente atendidos. Sabiéndolo, no extraña que en la mesa del comedor mantenga una conversación animada al tiempo que gestiona un aluvión de consultas (y comiendo, por supuesto).
Un enamorado de las músicas étnicas, cuanto más auténticas y singulares mejor, sé que disfruta con las esencias y – me temo – bastante poco con las elaboraciones más o menos maquilladas. Hoy me ha pasado una docena de discos – por cierto, todavía tengo que escucharlos – tan dispares como ‘gamelanes’ tailandeses, música finlandesa de raiz profunda, antiguas formaciones orquestales rusas o temas para baile japonés, entre otros muchos.
Me he atrevido a pedirle algo que hacía tiempo que me rondaba por la cabeza: una foto con guitarra. Richard es una persona con un excelente sentido del humor (le encanta el té y los juegos de palabras: “Té quiero siempre”, “Té quiero mucho…” etc.) Y aquí está la prueba, mi fantástica Bullet modificada, pasada a Strato con tres singles Lollar, ¡convertida en una flauta!
La inteligencia, sin ingenio, queda devaluada a mera comprensión.


