EL SENYOR EUSEBI
El señor Eusebi es un personaje muy apreciado en el barrio. Se pasea por los bares y las terrazas ofreciendo sus dibujos a cambio de la voluntad. Está mayor, y seguramente a través de algún familiar nos ha llegado la ‘orden’ de no invitarle a fumar (a mucho estirar, un cruasán y una Fanta).
Parece claro que el señor Eusebi ha tenido una fuerte vinculación con el mundo del cine (aunque no sé exactamente cuál), ya que muchos de sus dibujos representan a actores de una época lejana, Groucho Marx, Charlot, Alan Ladd, Marilyn, etc… Normalmente aparece cuando menos le esperas con la carpeta bajo el brazo y te dice: “Vols un dibuix. ¡En tinc de molt macos!” Si le invitas a sentarse en tu mesa puede hacer dos cosas, o bien te enseña su producción más reciente o puede que en un arranque de creatividad espontánea te proponga un retrato rápido. Cada cual que haga lo que le parezca mejor, pero llegado el caso yo recomiendo la segunda opción porque verle dibujando, en situación, es todo un espectáculo.
Lo primero que hace es preguntar el nombre, la edad y a veces el oficio. La última vez que me hizo un retrato llevaba los rotuladores y los bolígrafos en el bolsillo superior de la americana. Pero como había olvidado cubrirlos con el capuchón y los había guardado boca abajo – con la punta mirando al suelo – su americana lucía un par de cercos espléndidos, uno rojo y otro azul oscuro.
Toma una hoja, te mira un instante y comienza el espectáculo. Como atrapado por una especie de corriente invisible empieza a dibujar trazos con gesto decidido, un poco teatralizado. Y a medida que el dibujo va cobrando vida te preguntas: ‘¿Ese soy yo?’ Y no, la mayor parte de las veces no. Aunque hay que decir que en ocasiones sí consigue captar un aire, algo que parece estar en el modelo. Mientras tanto va alternando sorbos de Fanta con bocados del cruasán…, le caen las migajas sobre el dibujo, las espanta como si fueran moscas… y sigue con su tarea, reconcentrado como el Giacometti del barrio. Al terminar entrega el dibujo con un gesto de satisfacción, como de orgullo por la obra acabada. En ese momento su convicción es inquebrantable y precisamente por eso, cautivadora.
Nuestro barrio está sufriendo cambios muy rápidamente. Las grandes marcas comienzan a invadir un territorio que hasta hace poco nos era próximo, amable (en el sentido literal, que merecía ser amado). Cerraron la ferretería ‘de cuento’ (uno podía encontrar allí los artilugios más insospechados), hace poco desapareció la papelería El Cisne (“no te gastes tanto dinero”, decían los dueños, ya mayores) y poco a poco van trepando las tiendas de diseño, calle arriba, en dirección a Lesseps.
Por alguna razón asocio al señor Eusebi con el cambio que estamos experimentando en el barrio. Me resisto a pensar en el día que no esté.
Esta fotografía proviene de la página que algún admirador ha dedicado al señor Eusebi, en Facebook, (muchas gracias, al autor). El enlace es este:


