SAYOH
LO QUE NOS FASCINA
La pobreza de espÃritu es peligrosa y contagiosa; nos ha tocado vivir un tiempo difÃcil. Nunca antes el ser humano pudo enriquecerse tanto como hoy, y sin embargo el panorama – el más corriente al menos – es desolador. Cultivar la fascinación – no excluyente – es una gran forma de disfrutar la vida: de ese modo hacemos nuestro lo mejor de las personas y del mundo.

LAVARSE LA CARA, CON AGUA CLARA
¿Por qué el simple hecho de lavarnos la cara nos despeja?

Leà hace unos años que un grupo de investigadores estaba enfrascado intentando clarificar el enigma.
Según se decÃa en el texto, la respuesta era sencilla: cuando nos lavamos la cara se activa un reflejo arcaico, un mecanismo que impulsa rápidamente un flujo de oxÃgeno suplementario al cerebro.
La explicación me sorprendió un poco, pero lo que realmente me cautivó aparecÃa unas lÃneas más adelante: el reflejo arcaico proviene del tiempo en que ‘éramos anfibios’. La explicación era tan lógica y tan sencilla que enseguida la di por buena: los animales que pasan bruscamente de la tierra al agua ‘necesitan’ de ese primer aporte de oxÃgeno y por eso han desarrollado y mantenido esa facultad.
Lo increÃble de este asunto es que los primeros anfibios provienan de la era primaria, del Paleozoico, más concratamente del Devónico superior, es decir de hace 400 millones de años.
Que en la información genética se retenga un mecanismo durante 400 millones de años y que finalmente nosotros, los humanos, todavÃa lo conservemos -con lo lejos que estamos de una rana- es asombroso. Y quizás ese recurso esté ahà como una medida de supervivencia, por si algún dÃa tuviésemos que volver a ser anfibios. Bien mirado, cosas más raras han ocurrido. ¿Y porqué no?
