GTR

Los contenidos de esta página están orientados al guitarrista. No importa el estilo, nivel o preferencia, este pretende ser un espacio de intercambio. Cualquier sugerencia (que pueda ser atendidada con disponibilidad de tiempo) será bien recibida.
GUITARRA
No soy un epecialista en el tema, pero todo parece indicar que el origen de la palabra guitarra proviene de las combinación de tres fonemas:
- Qi , o Ki, o Chi
- Ta
- Ra
Según se combinen, pueden dar lugar a una palabra de procedencia árabe, aramea, griega o latina. El sonido kí-ta-ra va siempre asociado con algún tipo de instrumento de la antigüedad que tiende a sonarnos como cítara. Esa familia de instrumentos se relacionaba con evoluciones de la lira, un instrumento de cuerda con una pequeña caja de resonancia construída en madera, cuyas formas y variaciones dependían del lugar y del tiempo en que nos halláramos.
PERO ¿QUIÉN ERES TÚ?

No es fácil, ya que probablemente sea una de las preguntas de respuesta más compleja cuando nos referimos a nosotros, como personas individuales.
Muy a menudo he escuchado a guitarristas que me han pedido una opinión sincera sobre su música, su técnica, su estilo, etc. Y también, muy a menudo, me he dado cuenta de la plaga que puede llegar a asolar una generación entera, afectando (¿infectando?) a centenares de guitarristas que quieren ser “COMO TAL”.
Cualquier guitarrista medianamente sensato sabe que hay un vacío, una ‘falta de…’ que nos afecta, a los amantes de la guitarra, dese hace más de diez años. Que cada cual piense por si mismo y saque sus propias conclusiones, pero honestamente, es un hecho demasiado relevante como para dejarlo en el tintero.
Por la razón que sea (y una buena es aprender), las personas, necesitamos de hombres-faro que vayan tirando del carro en las direcciones múltiples de la expresión humana. Podemos amarles hasta la muerte o defenestrarles en dos días (o las dos cosas), pero es un hecho que en gran medida funcionamos así: les necesitamos. Es demasiado complicada la ecuación como para intentar resolverla aquí, pero hay mucho de real en ella, porque de otro modo no aceptaríamos vivir como lo estamos haciendo.
El esquema masificación-dinerismo-éxito fugaz, se está repitiendo cada vez con más celeridad y la vertiente efímera del artista ‘aceptado’ puede rondar ya el límite de una semana. Eso convierte al artista de éxito en un producto consumible y, de rebote, al resto de su vida en un posible deshecho (”tú ya no vales”). Es serio el asunto. Personalmente no soy nada partidario de este estado de cosas, pero como en muchas otras facetas del mundo que nos ha tocado vivir, sin que uno lo quiera acaba siendo cómplice de una maquinaria que no ha creado.
La aceptación de esta evidencia ante esta situación por parte de los músicos que quieren ser músicos, ha acabado conformando una especie militancia, sin la cual el ejercicio de la profesión-elección vital se hace inviable. Y ese no es un hecho que ocurra sólamente aquí, pasa en todas partes. Con la diferencia de que en España (por más que se maree la perdiz) la Música sigue siendo una asignatura pendiente con unos cien años de retraso sobre los paises que DEMUESTRAN que la aman. Obras son amores.
Ser – o intentar ser – uno mismo, es el único remedio desde mi punto de vista. En dos palabras, intentar ‘tocar lo que eres’. Si tienes mala letra, déjala salir; si eres listo y organizado, demuéstralo; si eres pícaro y perezoso, no te cortes; si pretendes abarcar mucho conociendo todos los resortes de la música, ‘a por ello’, etc. Pero la expresión artística tien mil facetas y la afectación marcada por ‘lo que se lleva’ suele ser un arma letal. Muchos intérpretes de blues arcaico nos han dejado grabaciones geniales, a la vez que auténticos tostones infumables. No es raro escuchar ruedas de blues de nueve compases al lado de otras de doce o de quince, en el mismo tema, pero eso es lo de menos, lo importante es que ellos ‘estuvieran allí, dejándose ir de la mejor manera posible’.
Siempre ha habido un aspecto de la música que me ha fascinado: eso que nos hace volver la cabeza y decir en voz alta: ‘¿qué es esto que se oye?’. Creo firmemente en ese sexto sentido. Algo nos hace percibir inmediatamente la ‘autenticidad del mensaje musical’ seas o no un especialista en el tema. Es como si la Música fuese la onda portadora de algo que reconocemos cuándo ‘es verdad’. Y mal puede ser verdad si quien lo toca no lo cree desde su interior. De ahí que el trabajo del guitarrista – o de cualquier músico – requiera de un proceso de conocimiento en lo más personal e íntimo. El proceso de sacar eso hacia afuera usando un instrumento no es sencillo, ni ocurre con facilidad, no nos engañemos. Y es resbaladizo, o ‘inexistente’ si hemos de tocar una cosa que no nos motiva lo más mínimo. Pero todo músico sabe que ese hecho existe y que hay un momento a partir del cual la Música ‘te está usando a tí como instrumento’ (probablemente sean estos los momentos más intensos que un músico pueda vivir, y quien lo ha sentido no lo cambiaría por nada de este mundo).
En una ocasión pregunté a un gran guitarrista, alguien a quien admiro profundamente: “¿Qué recomendaría usted a un joven guitarrista para que progresara y aprendiera?” Su respuesta fue: “Que vaya a ver una buena exposición” Lo vi claro, hacía ya muchas décadas que ese hombre se conocía a sí mismo, y más que tocar, sencillamente se expresaba.
PRECISANDO…
He recibido algún comentario sobre el texto anterior y me gustaría aclarar un par de conceptos, para no caer en el equívoco. Personalmente me parece que el trabajo, el estudio, la dedicación e incluso la imitación son positivos. Nos definimos a través de los otros, sobretodo cuando comenzamos a buscarnos. Nada que decir al respecto. Y se aprende de los grandes, ¡como no!
Y sobre si detrás del comentario hay una especie de mística medio difusa, sinceramente no lo creo. Alguna vez leí que se había hecho un seguimiento de la obra de Beethoven, analizándola milimétricamente, para detallar cuántos y cuáles eran los elementos autenticamente originales de Beethoven y para diferenciarlos del resto, de la música histórica, académica, de la aprendida. Me sorprendió la conclusión: apenas un tres por ciento del material total escrito por Beethoven era auténticamente original. ¡Cómo puedo yo pretender decir que hay que hacer cosas enteramente originales, si eso es rarísimo! Yo solo digo que hay que intentar ser uno mismo al tocar, que no es cosa fácil.
Frase de Picasso 1: ¿Cree Vd. en la inspiración? ¡Claro que creo, pero si llega es mejor que te pille trabajando!
Frase de Picasso 2: ¿Que si copio…? ¡No he hecho otra cosa que copiar!
