VEO UNA LUZ

Aunque yo era de letras, tuve la suerte de estudiar algún año junto a compañeros que iban para físicos (algunos, incluso, llegaron a serlo). De no haber sido por ellos, no habría comprendido los fundamentos (por no decir la base a secas) de la teoría de la Relatividad. Y me fascinó, me quedé plegado ante el hecho de que la inteligencia de alguien hubiera podido llegar a alcanzar semejante nivel de profundidad. Física, Matemática, Mecánica cuántica, Astrofísica, Filosofía… y hasta poesía, todo en un mismo saco, convergía en una unidad de sentido que elevó (para mis entendederas) la figura de Einstein al nivel de un verdadero coloso del talento humano. Sigue siéndolo para mi.
Así que gracias a ellos, a mis colegas estudiantes de Física, me convertí en un aficionado
- dominguero, todo hay que decirlo – a la Astrofísica. Disfruto mucho con los avances en la materia que voy pillando, aquí y allá, si bien es cierto que en muchas ocasiones no entiendo ni papa (cosa que me cabrea bastante, para que negarlo).
Si eres aficionado a la Astrofísica, echa una ojeada con cuidado a la ilustración, verás como la simetría de un cuerpo celeste inmensamente energético parece estar dictando a nuestra intuición que se persigue un equilibrio en el reparto de fuerzas-energías. No necesitarás mucho tiempo para observar como se superponen dos formas muy parecidas a las de una caracola marina. convergiendo en el centro de la ilustración.
Si alguien hubiese diseñado esta imagen virtualmente creo que habría pensado para mis adentros: “No puede ser, es demasiado bonito para ser cierto”