7.000.000.000
Mañana, día 31 de octubre de 2011 – probablemente en algún lugar de India o China – nacerá el habitante de la tierra número 7.000.000.000. Ya seremos siete mil millones de humanos.
El aumento exponencial de la densidad de población en el planeta comienza a ser, ya, un problema muy serio. Cualquier otro, comparativamente, se queda en nada.
¿Crisis? Un nutrido grupo de países del llamado mundo occidental atraviesa momentos muy delicados. Las economías se tambalean y el futuro se ve incierto, al menos por lo que respecta a la manera en que hemos estando entendiendo nuestra ‘vida normal’. Si los expertos – por llamarles de alguna forma… – aciertan en esto, es muy probable que estemos estrenando un ciclo vital-colectivo que será otra cosa, sin que sepamos a ciencia cierta el alcance y significado de esa ‘otra cosa’. El tiempo dirá hacia dónde nos conduce el fallo más garrafal de la historia de la economía política o de la política económica. Esperemos que sea para bien y que las representatividades y ¿soberanías? no sigan amontonándose como dosieres de deuda, al fondo de algún estante, vaya usted a saber propiedad de quién. Sin embargo, aún siendo un asunto muy serio, poco tendrá que ver con el momento en que aparezca la crisis ‘sobredemográfica’.
La superpoblación va a ser el gran problema del siglo XXI.
China tiene ahora 1.347 millones de habitantes e India 1.241, con un dato significativo a tener en cuenta: en China la tasa de natalidad está regulada, en India no. Si la progresión de los índices de natalidad sigue como hasta ahora, India será el país más poblado en un tiempo relativamente breve, ya que hoy ‘apenas’ le faltan 100 millones para alcanzar a China. Una fruslería, para las altísimas tasas demográficas de Asia.
La acumulación de poder económico en las grandes ciudades – y con ella, de las oportunidades de trabajo estable – ha generado enormes flujos migratorios (la demografía en el norte de China, más agrícola-aldeana que industrial-ciudadana, está cayendo por los suelos). Muy probablemente esta tendencia irá al alza, ya que el modelo de vida a seguir parece anclado en un estereotipo del siglo XX cuya perpetuación está ahora mismo en jaque (aunque no todavía en jaque mate). Al paso que van las cosas, parece bastante razonable pronosticar que las megalópolis crecerán aún más mientras las zonas rurales se irán deshabitando, abandonando. En el transcurso de las décadas venideras la población del mundo se arracimará en unas decenas de núcleos urbanos gigantescos, sobretodo en los países emergentes, aunque cada vez con más frecuencia no pocos se pregunten si este modelo vital tiene más de vital que de modelo, o justo lo contrario.
Imaginen un espacio, un cuadrado perfecto cuyos lados miden un kilómetro exacto. Metan adentro ciento treinta mil personas y tendrán el lugar, el hormiguero humano más denso del planeta. Es el barrio de Mong Kok, en Hong Kong. Puede que no tan cargado de tintas, pero algo similar a esto nos espera en las grandes ciudades del futuro más inmediato.
Sabe mal decirlo de este modo, pero las grandes líneas escritas por la historia suelen ser el resultado de omisiones graves, de cuestiones que no se encararon a tiempo o cuya solución llegó tarde y mal. Ahí está el laberinto económico, en apariencia sin salida, en el que estamos inmersos. Tampoco parece que, a día de hoy, nadie se esté planteando el problema de la superpoblación con la seriedad que el tema merecería.
Puestos a imaginar, imaginen esta cuestión llevada al extremo. Usted y su pareja están frente a un señor que les dice:
– No tendréis ningún hijo. Ya no cabemos.

