ALMA DE GUITARRA

Las guitarras también tienen alma. Puede que no sea un hecho demasiado divulgado, pero la fuerza que ejercen las cuerdas sobre la pala del instrumento puede rondar fácilmente los cincuenta Kg., y eso no es ninguna tontería (una advertencia: siempre que cambies las cuerdas, procura mantener tu cara alejada de la zona en la que podía producirse una rotura). Ocurre pocas veces, pero sí hay accidentes.
Para compensar la fuerza que las cuerdas ejercen sobre el mástil, en su interior se aloja una varilla metálica, conocida como alma, que puede ser ajustada de forma que cuando el mástil toma una angulación errónea con una pequeña vuelta de llave pueda compensarse ese error (algunas marcas/instrumentos de alta gama incluyen doble varilla). No es un procedimiento difícil, pero sí delicado. Con frecuencia, menos de un cuarto de vuelta suele arreglar el problema, a no ser que la angulación del mástil sea tan anómala que el desvío resulte escandaloso. La mayor parte de las guitarras modernas – las eléctricas, sobretodo – incluyen una pequeña placa triangular de metal en la pala (atornillada), bajo la cual se encuentra el tramo final del alma: unos pequeños orificios permiten el uso de una llave que facilita el giro en sentido horario/contrahorario. Los modelos antiguos de marcas históricas solían llevar el ajuste del sistema en la base del mástil. Dependiendo de si el mástil se acerca en dirección al puente o se aleja de él, compensaremos en un sentido u otro. Consejo útil: no forzar nunca el giro del alma más allá de un pequeño mivimiento; encontraremos la corrección adecuada realizando giros cortos y sucesivos, nunca bruscos. Algunas guitarras acústicas siguen llevando el acceso en la base del mástil, pero no es lo más corriente. Si además de haber desplazamientos de mástil hay torsiones, lo mejor es pedir consejo a un especialista, el problema es ya serio.