EL BÓLIDO AZUL
Es lógico que los colectivos de personas estemos unidos por intereses comunes, siempre ha sido así. Pero tarde o temprano vamos a tener que asumir muy en serio que somos un colectivo real: seis mil millones de personas viajando por el espacio en un bólido redondo y azul, a una velocidad de cuatro quilómetros por segundo. No se trata de un reduccionismo sesgado o interesado, es la realidad colectiva del ser humano, llevada a su estadio mas primario.
Es una sensación muy reciente, muy nueva, porque mal podíamos construir una imagen mental así de poderosa en el pasado, cuando viajábamos en carro y cuarenta quilómetros se hacían una distancia inabarcable.
Cada tiempo histórico genera unas coordenadas humanas específicas, y más allá de ellas, se hace difícil esperar de la conciencia humana que las sobrepase. Así hemos sido y así seremos. Pero por razones varias, de índole muy distinta, la sincronía entre el tiempo biográfico y el tiempo histórico siempre ha acumulado un desfase. Probablemente los grandes conflictos de la humanidad, las grandes migraciones, invasiones, guerras o pactos, etc., hayan sido el resutado de un ajuste brusco en ese desfase cronológico, cuando los momentos en que aquellas asincronías se hicieron inasumibles.
Si un hecho nos distingue de las generaciones anteriores, es nuestra capacidad de acceso a la información. En el futuro seremos estudiados como la primera generación que tuvo acceso a una inmensidad de información: inmediata y bastante fiable, en muchos casos (a diferencia de nuestros ancestros: apenas si dispusieron de poca información, muy a menudo sesgada y manipulada).
Estoy convencido de que este hecho comporta una responsabilidad histórica. No es lo mismo ser consciente que ser consciente de que eres consciente.
Tiempos nuevos para quienes viajamos en el bólido azul a cuatro quilómetros por segundo.

