LA HISTORIA DEL COLOR PÚRPURA

Abrasado por la fiebre y sediento a morir, un nativo de una tribu sudamericana vagaba por el campo buscando agua para aplacar los síntomas de su enfermedad, la malaria. Se dice que encontró una charca que había al pie de unos árboles y aunque el sabor del agua era fuertemente amargo, sació su sed y se refrescó, aún a riesgo de estar intoxicándose; prefirió el alivio momentáneo, aunque pudiera ser la causa de su muerte. Poco después no solo empezó a sentirse mejor, sino que acabó sanando completamente. Los nativos del lugar localizaron la charca y vieron que estaba rodeada por unos árboles que ellos llamaban ‘quina-quina’. En realidad el nativo enfermo de malaria había ingerido una buena dosis de quinina, un poderoso antimalárico de origen natural.
En 1856 un joven químico llamado William Perkin se hallaba en su laboratorio intentando encontrar un camino que le permitiera la síntesis de la quinina, estimulado por uno de los pesos pesados de la Química, A W Hofmann. Hay que decir que el empeño por conseguir la quinina sintética, en el laboratorio, tenía una poderosa razón de ser ya que la malaria ha causado más muertes que la suma de las víctimas habidas en todas las guerras a lo largo de la historia.
Los intentos de Perkin estaban siendo muy desalentadores. Había partido de un alquitrán de la hulla, un producto residual barato que provenía de la industria del acero. Pero finalmente solo obtenía unos productos pegajosos, de densidades raras y coloraciones extrañas. En uno de estos intentos fallidos – habiendo partido esta vez de la anilina – la sustancia final del experimento resultó ser un sólido negro de aspecto bastante desagradable. Desalentado de nuevo, comenzó a limpiar el frasco que contenía la sustancia negra y enseguida se dio cuenta de que el agua residual adquiría un color morado. También se coloreaba el alcohol.
William provenía de una familia adinerada. No tardó en darse cuenta del potencial inmenso que tenía entre manos. Hasta ese momento, la única forma de conseguir un tinte púrpura era triturando una pequeña caracola marina, murex brandaris, poco corriente. Y había que triturar 9000 caracolas para conseguir un gramo de tintura púrpura natural. El precio de ese gramo de tintura era astronómico, hasta el punto que solo los reyes o las muy altas jerarquías podían permitirse el lujo de vestir ese color (purpurado, es una forma de referirse a los cardenales). Así que Parker patentó el invento y, con la ayuda de su familia, puso en marcha una industria boyante que le enriqueció muy rápidamente. La tintura sintética de color púrpura fue el primer colorante industrial. Y no deja de ser curioso, que el más apreciado de los tintes de la historia fuese el primero en ser obtenido en un laboratorio y usado industrialmente.
(Fuente: curiosidades, Internet. Foto: WIKI)