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LIGETI – ATMOSPHERES

16/ 12/ 2009Rafa Zaragoza

Millones de personas han escuchado esta música sin ser enteramente conscientes. Gÿorgi Sándor Ligeti  (Rumanía, 1923),  forma parte de la avanzadilla de compositores de entreguerras que volvieron la música del revés. Atrevidos, innovadores, provocadores, caóticos, eclécticos, prácticamente todos ellos vivieron la brutalidad del siglo XX. Es una opinión, pero desde mi punto de vista el mensaje relacionado con el caos es una forma de asumir lo que se vive. Por decirlo de otro modo, la vertiente ‘funcional-social’ de la música siempre ha estado ahí: la música de cámara llena los salones nobles, la ópera colma las ansias de exquisitez, el rock actúa como un revulsivo, el jazz se impone a través de la  reivindicación de la negritud sin concesiones, etc. El tiempo cronológico y la circunstancia social son dos motores básicos del hecho musical.

¿Cómo no habría de ser así para los músicos del siglo XX? Dos guerras mundiales consecutivas, en menos de 30 años, dan como para pensar de qué pasta estamos hechos. Claro que las músicas rupturistas, vanguardistas o como quieran ser llamadas, sugieren el caos o la disarmonía.  Ligeti perdió a su madre y a su hermano en campos de concentración y poco le faltó a él mismo para acabar en la fosa. Penderecki, prácticamente igual… y así otros muchos. Y quienes no vivieron directamente el confinamiento, vieron con susu propios ojos – hasta dos veces – el horror del que somos capaces cuando se tuercen las cosas (o las tuercen, que este sería otro enfoque). No es la única razón, pero sí una potente razón que pueda explicar ese salto al vacío de los rupturistas. Algunos siguen sin entender que hay belleza en el caos formal. Esta entrada pretende mostras cómo, de una forma tangencial, el informalismo musical ha pasado a ser parte de nuestro sentir colectivo.

Stanley Kubrick estrenó 2001, Una odisea en el espacio en 1968. Sin solicitar la autorización a Ligeti usó como banda sonora Atmospheres. Ligeti se enteró e interpuso una demanda a los productores. La demanda exigía dos cosas: el reconocimiento explícito de la autoría de la música y una compensación económica de un dólar. El que quiera comprender que comprenda, porque es fácil imaginar la cuantía generada por los derechos de autor de la música de una película como 2001. Sea como fuere, parece claro que Kubrick y Ligeti compartían sus buenas ramas de ADN.

Ligeti, el grande.