Rafa Zaragoza - guitarrista

Rafa Zaragoza - foto

PERSPECTIVA – DIMENSIÓN – ESPACIO

13/ 10/ 2010Rafa Zaragoza

PERSPECTIVA

Las figuras geométricas que aparecen arriba reproducen la profundidad del espacio. Vemos cómo las líneas se alejan hacia el fondo, acercándose hacia un punto de referencia; vemos la profundidad.

Estamos acostumbrados a usar un mecanismo interior que funciona espontáneamente y nos dice: ‘hay espacio en este dibujo’. Pero la realidad es muy distinta, porque los gráficos que vemos dibujados aquí son bidimensionales, ya que la cartulina que los contiene solo tiene dos dimensiones: altura y anchura. La sensación de espacio, en estas figuras, la elaboramos nosotros.

La percepción de la tercera dimensión – la profundidad – es escurridiza, más de lo que pueda parecer.

Tenemos dos ojos, dos cámaras fotográficas muy sofisticadas que realizan en cada momento una ‘foto promedio’ de aquello que estamos observando. Un ejercicio sencillo, apartar la visión de la pantalla hacia cualquier lado, fijando el movimiento de los ojos, con la cabeza quieta. No importa lo que veamos en ese momento, la imagen será bidimensional, es una instantánea, una fotografía reflejada en nuestro cerebro. No lo percibimos así porque sabemos que el espacio está ahí afuera y sabemos que nos movemos a través de él. Pero con la mirada fija y la cabeza quieta, la imagen es bidimensional. Bastará con que volvamos un poco la cabeza hacia un lado para que aparezcan nuevos puntos de referencia (que antes no veíamos) y desapareacan otros (que antes sí veíamos). Instantáneamente relacionamos la imagen anterior con la del momento y de esa comparación surge el sentido de la profundidad. Puesto que tenemos dos ojos, nuestra mirada es estereoscópica, es decir, vemos cualquier punto con dos sensores que están separados entre sí. El movimiento hace posible la percepción de la tercera dimensión. La mirada estática es bidimensional, la mirada dinámica es tridimensional. Es sabido que las tribus aisladas de indígenas tienen muchos problemas para reconocer y relacionar los puntos de referencia de una fotografía. Incluso pueden no reconocer a personas con las que conviven cada día.

Imaginemos por un momento que situamos una caja de zapatos frente un flexo. La sombra de la caja se proyecta sobre una mesa. El objeto real, la caja de zapatos, tiene tres dimensiones pero el objeto virtual, la sombra proyectada sobre la mesa, tiene solo dos dimensiones: la sombra es una representación bidimensional del objeto real y en el tránsito del objeto real a su imagen se pierde una dimensión.

Pero ¿qué ocurriría si realizáramos el proceso en sentido inverso? Si partimos de nuestro mundo físico real, cabría preguntarse si este mundo no será la ‘sombra’ de una suprarealidad definida por cuatro dimensiones espaciales. De ser así, al ser nosotros una proyección – la sombra de aquella realidad – se habría perdido una dimensión espacial. El tiempo, nuestra cuarta dimensión, vendría a ser el motor que permite el ascenso o descenso a espacios de n dimensiones.

Más allá de ancho, alto y profundo, se me hace impensable cualquier otra dimensión. Seguramente porque estoy aquí y no allí.