UNIVERSIDAD DE BERLÍN
Fundada en 1810, la Universidad Humboldt es uno de los nidos de cultura y conocimiento más potentes de Europa. Entre otros muchos, por aquí pasaron Fichte, Hegel, Marx, Scopenhauer, Schelling, Walter Benjamin, Planck, Einstein, Heine, Ferdinand de Saussure, etc. Puestos a sumar, este templo del estudio, el conocimeiento y la investigación ha ‘cocinado’ 29 premios Nobel. Igualito, igualito que en España.
Lo que está ocurriendo aquí con la enseñanza – superior y no superior – es como para sonrojar a cualquiera. Al parecer ya no basta con que se haya hipotecado el futuro de nuestros hijos y nietos. Tras las medidas que recortan – o sería mejor decir guillotinan – la enseñanza, por activa y pasiva, se apuesta por la hecatombe cultural futura. Quien conozca el entorno del profesorado universitario sabrá perfectamente de qué va todo esto. Para llorar.
He tenido la ¿suerte? de conocer a investigadores españoles de gran valía y lo que me han contado pone los pelos de punta. Son reclamados por Universidades extranjeras y han demostrado sobradamente su cualificación profesional. Han dedicado un montón de años a sus investigaciones y sin embargo, muchos de ellos, no saben que les depara el futuro a dos años vista.
Y mientras tanto, en España, asistimos a una degradación de La Cultura que parece no tener freno. Un fracaso escolar estrepitoso – por un lado – y – por el otro – la ‘turistización cultural’ vienen a ser la rasera del estado lamentable de la cuestión. El turismo cultural, guía en mano, se implanta más y más como el sucedáneo grosero del interés por las fuentes del conocimiento. Mientras tanto, un arma poderosísima como es la televisión, vomita obviedades, chismorreos y pedorretas desde hace más de una década. Hoy, un chaval de veinte años sabe de memoria los nombres de las novias del torero X, o la biografía completa de una mujer impresentable, zafia, agresiva y provocadora como una verdulera de mercado de 1902. Ese chaval desconoce centenares de cosas elementales, pero eso no es lo peor. Lo peor es que no sabe que él también podría disfrutar como un camello con cosas que ni se imagina. Porque no las conoce. Porque no se lo enseñaron. Y porque, aquí, se respeta antes a un banquero estirado, hipócrita e insolidario, que a un maestro de primaria. Cuando debería ser al revés.
