VIOLENCIA ECONÓMICA

Los medios de comunicación nos machacan una y otra vez con imágenes feroces de actos brutales. En buena parte la cara fea de lo humano está siendo usada como reclamo y avivador de audiencias (y de rebote como una forma, deliberada, de educación en lo morboso). Los columnistas, ensayistas, escritores y tertulianos se refieren prácticamente siempre a la violencia en el sentido literal, a la explícita, como el fantasma del que hay que huir a toda costa. Bien, estamos de acuerdo. Pero ¡cómo me gustaría que la mitad del tiempo que se dedica a anatemizar la violencia física se ocupara en revisar la violencia económica! A mi, al menos, me parece que es el tipo de argumento que nunca sale en la foto… Un atentado, pongamos el de cada día, en Irak, produce una matanza atroz. Y en este punto me importa poco quien es el responsable, porque lo que realmente me interesa -porque va primero – es si Chaney, por decir algo, puede ser condenado por violecia económica. Y no quiero detenerme aquí.
El plan urbanístico de dudosa legitimidad de un pueblecito de la costa valenciana excluye a un pequeño propietario, porque este no se aviene a los tejemanejes municipio-constructores. Todo el mundo lo sabe, este tipo de cosas están funcionando así desde hace años y nadie – casi nadie – dice nada. El pequeño propietario, excluido de los ‘beneficios’ de la urbanización ve cómo los promotores inmobiliarios colocan en su parcela una torre eléctrica, ¡qué casualidad, la única parcela que no se aviene a hacer el juego es la que acaba cargando con el poste…!
O yo no lo estoy entendiendo bien, o estamos demasiado preocupados por ‘las consecuncias’, por la foto final, pero no por el negativo. Si Africa está como está es por causa de la violencia económica (no me pongas más imágenes de negritos famélicos caminando entre aguas residuales, dime el nombre de la persona que se está quedando con su dinero); si Irak está como está es por causa de la violencia económica (no emitas el atentado de hoy, señala con el dedo, una y mil veces si es necesario, a los responsables directos, primeros de esta locura); si el litoral Mediterráneo es lo que es, será por lo mismo (sabes quienes son los ‘atesoradores’, políticos o no, lo sabe todo el mundo). Pero no. Pasan los días y los meses y no acaba de centrarse el tema: imágenes de soldados muertos, ‘chaletadas’ interminables en las costas y un hombre ardiendo a lo bonzo a la hora de comer. La causa primera de todo este entramado de responsabilidades no confesas, no es el hecho aislado de un loco que pasa por allí. Es un estado de cosas que permite, consiente y estimula la violencia económica. Todas las otras, vienen después. Seguro que hoy, también, ya se están preparando los telediarios para Drácula. ¿Eso es periodismo?