ONDAS QUE SE MUEVEN …
… ONDAS QUE SE VAN.

Esta tarde he estado viendo fotografías del pasado. Bueno, de vez en cuando uno rememora el pasado con el impacto que solo una foto puede transmitir. Se revive aquel momento y se recuerda un fragmento de la vida con gran intensidad. Aunque esa manera de enfocar la existencia no tiene mucho que ver con mi manera de ser, las fotos, con el paso del tiempo, acaban arrancando el lado emocional de una vivencia. Al menos para mi.
Hoy me he tropezado con fotografías antiguas del Gato Pérez, justo de la época en la que él estaba estudiando Físicas. Uno ‘de letras’ como yo, más interesado en ese momento por mi carrera inacabada, la Filosofía, que por la mecánica cuántica, no conseguía entender una palabra de esas cosas tan raras que los ‘futuros físicos’ se traían entre manos. A mi me interesaba más la razón por la cuál Pitágoras ataba yunques a cuerdas larguísimas que la explicación coherente del sentido de la existencia de los quarks. Tardé muchos años en darme cuenta de que, en el fondo, ‘los fílosofos y los físicos’ estábamos hablando de una misma cuestión. Porque si consiguiéramos una lupa capaz de aumentar trillones de veces nuestra percepción de la realidad, nos daríamos cuenta de que, en último extremo, todo son vibraciones que se realimentan e interaccionan en todas las direcciones. Yo soy un músico y estas cosas no le pueden pasar por alto a una persona que vive rodeado y atrapado por vibraciones sonoras.
Muchos años después de aquellas sesiones colectivas, maratonianas, de estudio – antes de los ‘finales’ – en las que solo uno de los ‘empolladores’ era de ‘filo’, se cierra para mi un círculo y la memoria me devuelve el estribillo de una canción inédita del Gato – que seguramente quedará para siempre en el olvido – en la que aparecía la idea que yo iba a comprender solo muchos años después: ‘Ondas que se mueven, ondas que se van…’ Y no recuerdo más.

Ahora ya lo sé. Todo vibra, y ni sueñes que ‘las cosas’ están aisladas, separadas, entre sí. El día que conseguí entender el verdadero significado de esta idea me sentí inmerso en un todo sobrecogedor, siendo a la vez ridículamente pequeño e inmensamente grande.