Rafa Zaragoza - guitarrista

Rafa Zaragoza - foto

CANCIONES COMO MONTAÑAS

17/ 12/ 2008Rafa Zaragoza

PALMERA - FRUTOS

No tuve la suerte de conocerle – aunque hubiera querido – porque siempre he sentido una gran admiración por Joan Baptista Humet. Me gustan las buenas canciones, como me gustan las buenas historias. Si una buena historia bien contada ya es mucho, la buena historia bien cantada – estoy convencido- es una de las formas más directas de transmitir el contenido de una idea o un sentimiento.

Componer buenas canciones es muy difícil. Las palabras son como imanes y los imanes atraen, pero también repelen. Solo los grandes compositores de canciones son capaces de contemplar su trabajo desde varios niveles de profundidad. El silabeo tiene que encajar sobre la rítmica con naturalidad. El verso – como parte de la estrofa – no puede ser forzado, ni como palabra ni como idea. La narración, el discurso del mensaje a lo largo del tiempo ‘cantado’, es muy delicado, porque una palabra fuera de lugar, inapropiada, puede destrozar una canción. La melodía nos llega como una estructura con una lógica interna capaz de hacernos evocar, enfoca nuestra atención hacia un paisaje emocional evanescente que solo las palabras acabarán concretando. El encaje, el equilibrio entre el lenguaje hablado y el melódico-rítmico, es la prueba de fuego. Los ‘escuchadores’ son más listos y más sensibles de lo que algunos cantantes piensan y cualquier forma de distorsión en ese equilibrio se percibe enseguida como forzada. En dos palabras, componer una canción redonda, potente, definitiva, es dificilísmo.

Por encima de lo que es propiamente la canción está el punto de mira, el ángulo desde el cual el autor contempla y ‘traduce’ la realidad. Es uno de los aspectos que más me gustan de la obra de J B Humet. Es profundamente humano, no hace concesiones y habla desde la propia condición de persona. No se alía con ‘momentos históricos’ ni con opiniones sesgadas para pequeñas o grandes capillas. Es intemporal y por eso su mensaje vale para todos y vale para siempre. El estribillo de ‘Que no soy yo’ es una idea universal, que conecta con todas las personas de todos los tiempos. Y su forma de describir ‘el sentido de la identidad personal’, dicho de esa manera – sencillísima y muy profunda a la vez – nos muestra la verdadera dimensión de su talento.

No sé muy bien por qué, pero me quedo con la impresión agridulce de que Joan Baptista Humet debería ocupar el lugar – el verdadero lugar – que le corresponde como compositor de canciones. Aunque no siempre, pero sí a menudo, el tiempo reconduce las cosas a su lugar natural y ahí queda su trabajo, para quien quiera aprender cómo se hacen canciones como montañas.

QUE NO SOY YO

A veces pienso que aún tengo suerte
sin una perra y aún me divierte mi profesión,
desde una noche en la que Dios quiso
comprometerme con el hechizo de una canción.
Y ahora acabemos de ser sinceros
que a mi también me gusta el dinero, y la vanidad
pa’ no ser menos que mis amigos
que se conforman con un suspiro de libertad.

Y una lucecita que apenas se ve
cuando estoy a solas va diciéndome
que no soy yo, que aún no soy yo.

A veces pienso que lo más grande
de que dispone el hombre es el hambre de conocer,
que abrir un libro es abrir las alas
sobre las cosas que nunca acabas de poseer.
Y empiezas a edificar tu mundo
de las ideas en un segundo de intuición,
para acabar bajo los cimientos
esclavizando tus sentimientos a la razón.

Y una lucecita que apenas se ve
cuando estoy a solas va diciéndome
que no soy yo, que aún no soy yo.

A veces vibro con cualquier cosa
una mirada se me hace hermosa si mira en paz,
por un cachorro que se extravía
que así yo entiendo a mis alegrías, vaivén fugaz.
Y porque sufro y me pongo al lado
del oprimido y amordazado que echa a andar,
porque él ha hecho que el mundo gire
y hay que cantarle pa’ que no olvide su libertad.

Y una lucecita que apenas se ve
cuando estoy a solas va diciéndome
que no soy yo, que aún no soy yo

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Habrá que hacernos a la idea
que sube la marea
y esto no da más de sí.

Habrá que darnos por vencidos
y echarnos al camino
que no hay nortes por aquí.

Al sueño americano
se le han ido las manos
y ya no tiene nada que ofrecer,

sólo esperar y ver si cede
la gran bola de nieve
que se levanta por doquier.

Hay que vivir, amigo mío,
antes que nada hay que vivir,
y ya va haciendo frío,
hay que burlar ese futuro
que empieza a hacerse muro en ti.

Habrá que componer de nuevo
el pozo y el granero
y aprender de nuevo a andar.

Hacer del sol nuestro aliado,
pintar el horno ajado
y volver a respirar.

Quitarle centinelas
al parque y a la escuela:
columpios y sonrisas volarán.

Sentirse libre y suficiente
al cierzo y al relente
mientras se va dorando el pan.

Hay que vivir…

Habrá que demoler barreras,
crear nuevas maneras
y alzar otra verdad.

Desempolvar viejas creencias
que hablaban en esencia
sobre la simplicidad.

Darles a nuestros hijos
el credo y el hechizo
del alba y el rescoldo en el hogar.

Y si aún nos queda algo de tiempo
poner la cara al viento
y aventurarnos a soñar.

Hay que vivir…

SÍNDROME DEL TÚNEL CARPIANO

16/ 11/ 2008Rafa Zaragoza

Un guitarrista me cuenta la siguiente historia: ha estado ensayando durante dos horas, sin interrupciones. La guitarra, en primer plano, tira de los temas y hay muchos movimentos de acordes, riffs, etc. Tuvo que pedir a sus compañeros de grupo que dejaran de tocar porque la mano izquierda no le respondía bien. Al mirar la palma de su mano, se dio cuenta de que en la base del pulgar se le habían apelotonado los músculos, aquella zona se había endurecido y notaba una compresión – no dolor – que no podía reconocer. En un primer momento temió estar sufriendo una tendinitis, pero resultó ser otra cosa: el síndrome del túnel carpiano.

TUNEL CARPIANO BO.jpg
El túnel carpiano es como un pasadizo estrecho donde se apelotonan tendones cuyas funciones afectan a los movimientos de la mano. Además, en el centro de ese ‘paquete’, se encuentra el nervio mediano, responsable de la transmisión/recepción de órdenes e impulsos nerviosos.

Lo que ocurrió al amigo guitarrista fue consecuencia de un exceso de trabajo continuado en un grupo de músculos de la mano, creo que de los flexores. El sobreesfuerzo provocó una inflamación de los tendones dentro del túnel carpiano y como consecuencia el nervio mediano quedó comprimido. A partir de ese momento las funciones de su mano izquierda quedaron resentidas. No podía tocar. Afortunadamente unos tres cuartos de hora después se dio cuenta de que las cosas habían vuelto a la normalidad. La inflamación remitió, el nervio mediano quedó liberado de presión y la movilidad de su mano volvió a ser normal. No había sido una tendinitis. Pero tomó buena nota de la importancia de los períodos de descanso.

TENDINITIS DEL GUITARRISTA – ‘A MI NO ME PASARÀ’

15/ 11/ 2008Rafa Zaragoza

Una de las consultas frecuentes a esta página tiene que ver con la tendinitis del guitarrista. Muchos lectores se interesan por los síntomas y los mecanimsmos de prevención de esta patología cuando comienzan a sentir molestias, compresiones, hormigueos y hasta entumecimientos de grupos musculares – sobretodo en la mano izquierda, si son diestros – que impiden o entorpecen el movimiento natural de la mano o los dedos.

Las tendinitis no afectan solamente a los guitarristas. El mecanismo que permite comprender sus causas es de sentido común. Cualquier profesional que utilice un grupo de músculos de la misma forma, repitiendo el esfuerzo muscular como una secuencia, una y otra vez, puede desarrollar una forma de tendinitis. La causa de esta enfermedad proviene del esfuerzo concentrado y repetido que sobrecarga una serie de músculos dejando otros vecinos con escasa o nula actividad. El sistema muscular no puede ser entendido bajo la forma de núcleos aislados ‘de actividad’. Aunque nos parezca que solo estamos moviendo las manos y un poco los antebrazos, los guitarristas debemos tener en cuenta que en nuestra práctica diaria hay todo un complejo sistema de relaciones motrices en las que intervienen desde las falanges de los dedos hasta la columna vertebral.
horror tendinitis 3.jpg

El primer consejo a tener en cuenta para evitar la tendinitis es no tocar ‘en frío’. Hay muchos ejercicios de precalentamiento y – si son recomendados por un profesional – todos serán aconsejbles. Aunque en casos serios, severos, lo más aconsejable es un tratamiento personalizado. Esta es una de las (muchas) tablas de ejercicios de precalentamiento, aconsejable sobretodo para las sesiones de estudio, cuando hayamos planificado por ejemplo una mañana de práctica continuada.

- Cerramos el puño de la mano izquierda. Lo llevamos a la altura del hombro derecho. Luego, la mano derecha agarra el codo izquierdo y tira de él en dirección hacia arriba, hasta que notamos tensión en la zona del homóplato izquierdo. No forzar demasiado. Retenemos la posición y contamos cinco segundos. Aplicamos un poco más de tensión, apenas un momento y soltamos suavemente el brazo hasta que recupere su posición natural en reposo. Repetir toda la secuencia cinco veces.
- El mismo ejercicio se aplica al otro brazo. También cinco veces consecutivas. Es importante tener en cuenta que los movimientos han de ser pausados, lentos y no hay que sentir una tensión excesiva en ningún momento; sí una suave sensación de tensión, pero no intensa, de lo contrario en lugar de arreglar las cosas podríamos empeorarlas.
- Tomamos un momento de descanso después de las dos tandas de ejercicios anteriores.

- Estiramos suavemente el brazo izquierdo y lo desplazamos hacia adelante, de forma que esté más o menos a una distancia de un palmo del cuerpo. A continuación giramos totalmente la palma de la mano (si antes miraba hacia atrás, ahora mirará hacia adelante). Es un movimiento de torsión del brazo completo y enseguida notaremos una tensión que sube desde la muñeca hasta el hombro. Con el brazo en esta posición, la mano derecha agarra a la izquierda y la empuja hacia atrás, en dirección a la espalda, hasta que notamos que el movimiento queda bloqueado a la altura de la muñeca. Retenemos esta posición durante cinco segundos, luego presionamos un poco más – un momento – y relajamos el brazo de nuevo hasta que quede en reposo, en su posición natural. Repetimos este ejercicio cinco veces.

- Exactamente la misma secuencia, repetida con el otro brazo.

Hasta este momento habremos trabajado la siguientes zonas: hombros y homóplatos; musculatura de brazos y antebrazos. Y ahora nos quedan las manos. Un ejercicio que aconsejan los métodos de balalaika, un instrumento de cuerda ruso, no hay que decirlo, de un lugar donde tener las manos heladas es más que normal. La finalidad de este ejercicio es activar la circulación de la sangre en las dos manos en un tiempo relativamente corto.

- Unimos las palmas de las manos de forma que cada dedo se ‘encuentre’ con el que lleva su mismo nombre. Imaginamos que los dedos de las dos manos están pegados por las yemas. Apretamos una palma contra otra y sin dejar de presionar vamos separando los codos hasta que queden en posición horizontal, brazos y antebrazos paralelos al suelo. En ese momento los dedos de las dos manos estarán un poco arqueados, formando una especie de pirámide hueca.

- A partir de este momento empujaremos desde los codos, relajando suavemente la tensión que soportaban los diez dedos, hasta que de nuevo se unan las palmas de las manos. Repetimos cinco veces.
- Relajamos las manos y los brazos; esperamos dos minutos.

- A continuación imaginamos que tenemos las manos mojadas. Se trata ahora de hacer un movimiento repentino, brusco, como cuando estamos en el mar y queremos salpicar con agua la cara de alguien. Tenemos los puños completamente cerrados y en un instante los abrimos de golpe, para relajarlos enseguida. Repeteir cinco veces, dejando veinte segundos entre cada secuencia de movimiento.
- Toda la musculatura de las manos se activa porque se han irrigado los tejidos en bloque. De esta forma hemos conseguido activar la musculatura de la zona de los hombos y su parte posterior; hemos conseguido activar los músculos de los brazos, antebrazos y también la musculatura de las dos manos.

- A lo largo de las sesiones de estudio, descansar (a ser posible pensando en otra cosa), levantarse de la silla y caminar erguido cada veinte minutos o media hora. Y ahora, a trabajar. En serio, no digas ‘a mi nunca me pasará’.

RESPUESTA A O. S. – MÉXICO D F -

13/ 11/ 2008Rafa Zaragoza

LUZ 9

¡Ahhh, querido amigo! Conseguir el sonido propio es una de las cosas más difíciles en esto de la guitarra eléctrica. Con un buen equipo como el que tienes, un Mesa Boogie y una Carvin de campanillas, puedes estar seguro, lo tienes mucho más fácil que aquellos guitarristas que solo disponen de un equipo modesto. Hay dos puntos importantes en esto de ampliar la paleta de sonidos de una eléctrica, uno es la nitidez y otro la distorsión. Es como saber bien dónde está el cielo y dónde el suelo. Tienes que definir ‘qué es para ti’ el sonido limpio y ‘cuál es para ti’ el mejor registro de sonido distorsionado, sencillamente, porque una vez que tengas estos dos puntos claros irás encontrando los matices intermedios, un crunch más o menos masticado, esa nota apenas saturada con el ataque de púa, o la bomba atómica que hace llorar a las criaturas. Pero solo podrás conseguir el matiz de los registros intermedios cuando tengas muy claros los dos extremos. Es verdad que las pedaleras van a darte unos presets, que llegan de fábrica preconfigurados, pero lo mejor que puedes hacer si dispones de una, es personalizarlos, modificarlos de forma que resulten más atractivos para ti. Por lo demás, no todo acaba en el equipo, ya que todos los grandes guitarristas afirman que finalmente el sonido ‘de verdad’ se consigue con las manos. No menosprecies esta opinión, porque tarde o temprano acabarás dándote cuenta de cuanta verdad hay en ella. El mismo equipo, en manos de dos guitarristas distintos, suena completamente diferente. No es fácil, en serio, se requiere tiempo, dedicación y paciencia. Pero eso no significa que no pueda conseguirse.

RESPUESTA A P.H. – SALAMANCA –

13/ 11/ 2008Rafa Zaragoza

MASTIL CARA

Si no he entendido mal tu mensaje, el problema no está en lo que suena, sino en lo que no suena. Un buen control sobre los silencios, las pausas, es tan importante como el de las notas ‘que suenan’. Puesto que ya estás metido en el estudio, escribe un docena de escalas ascendentes y descendentes. Luego, sobre cada una de esas escalas, ve introduciendo silencios, primero unos pocos, luego los alternas – nota seguida de silencio – y más tarde procura que haya más silencios que notas. Usa el metrónomo y concéntrate en la duración de los silencios. Es importante que haya pausas en los tiempos fuertes y débiles del compás. Cuando lo hayas interiorizado y notes que la alternancia de silencios y sonidos se suceden con naturalidad, dobla las figuras de ritmo de los ejemplos que hayas elegido y vuelve a comenzar. Cuanto más alta sea la resolución rítmica, más difícil te será encajar las pausas. Pero el truco está en el equilibrio: si eres capaz de tocar con fluidez y limpieza un pasaje lento, entonces ya habrás asimilado ‘el completo’, y por eso, podrás repetir el modelo a una velocidad más alta (es decir, con figuras rítmicas de mayor resolución). Un buen truco consiste en practicar con el metrónomo a velocidad lenta, para ir aumentando la velocidad poco a poco.

RESPUESTA A C. L. – SALTA – ARGENTINA

13/ 11/ 2008Rafa Zaragoza

PUENTE L

Es normal que después de haber practicado las escalas con mucha intensidad el fraseo te suene ‘a escala’. Finalmente, los músicos tocamos aquello que sabemos, y lo que sabemos es lo que hemos practicado y por tanto interiorizado. Una escala es un esquema de relaciones entre notas que por si mismo no significa nada. El sentido que hace comprensible la idea musical es la frase. Por supuesto que una frase puede contener una escala, pero el oyente se da cuenta enseguida de cuál es tu aproximación a la expresión musical: si tocas escalas es porque las has practicado y entonces ‘las frases aparecen como escalas’.
Una frase suele relacionarse con un acorde y además de las notas que la componen ahí está la expresión, los dinámicos, el silencio, el matiz o la variedad. Esos pequeños accidentes son muy musicales y conviene no olvidarlos. Aveces un silencio es más musical que ocho notas.
Practica sobre acordes, introduce elementos de contraste, figuras rítmicas distintas, silencios, glisandos, armónicos, dobles notas, etc. La variedad se aprecia enseguida. La uniformidad tiende a ser tediosa con el tiempo.