LA RISA LIMPIA
Ayer noche, yendo en metro, me sorprendió la presencia de un cantante callejero. Era una especie de Bob Marley – se parecía mucho – y la verdad es que cantaba y tocaba muy bien el repertorio del malogrado apóstol del reggae. Los pasajeros del vagón, al contrario de lo que suele pasar, estaban encantados, incluso coreaban las canciones y le vitoreaban al terminar. Más allá de sus interpretaciones, nuestro Marley de media noche parecía haber hecho del Everything will be all right una razón de vida. Tras pasar el sombrero se dirigía a los pasajeros más ensimismados, más ausentes y les tendía la mano mientras decía: ‘Dont worry, everything will be allright‘. No era una actitud impostada, que pareciera postiza, lo decía de verdad, para sorpresa del pasajero reconcentrado en sus laberintos más personales. Me gustó. Porque venía a ser una forma de raro apostolado subterráneo, extrañamente generoso y marihuanero, que no pedía nada a cambio. Y la cosa me hizo pensar.
Atando cabos, acabé dándome cuenta de lo importante que es la actitud en los momentos de adversidad. Al llegar a casa pensé que no me había reído en todo el día. ‘No puede ser‘, me dije. Y me conecté a la red para ver el vídeo que sabía, seguro, que me provocaría la risa sana, la buena. Es este que puede verse en la cabecera.
El bebé reacciona ante un sonido imprevisto con una carcajada espontánea. Es demasiado pequeño como para poder racionalizar, pero ya entiende el sentido del juego. Los bebés tienden a asustarse ante lo desconocido, ya sean sonidos o estímulos exteriores que les son extraños. El susto-juego reafirma la relación placentera con el adulto. Lo imprevisto es reconocido aquí como ‘bueno’; la risa es un torrente de energía positiva y el bebé ya sabe que no todo lo imprevisto ha de ser temido. Es una relación no verbal importantísima, porque a través del juego se consolida la confianza en el mundo adulto. Las posibles sensaciones de indefensión del pequeño desaparecen por un momento para convertirse en todo risa. Todo él es risa. Hay que reirse cada día. Es muy saludable y mucho más barato que el gimnasio.