Rafa Zaragoza - guitarrista

Rafa Zaragoza - foto

LIGETI

LIGETI – ‘LONTANO’

31/ 03/ 2011Rafa Zaragoza

ligeti

György Sándor Ligeti (1923 – 2006) ha entrado en la historia de la música como uno de los renovadores del molde estético preestablecido, del hecho musical. Junto a otros jóvenes talentos de su generación rompió el espejo en el que la música había estado acicalándose durante dos mil años. Es, por derecho propio, un informalista, un rupturista, maestro en el difícl arte del manejo de la atmósfera musical profunda e inquietante.

Claro que hay un abismo sonoro, y cada cual es libre, o no, de adentrarse en él.

LIGETI Y LOS 100 METRÓNOMOS

19/ 09/ 2010Rafa Zaragoza

György Sándor Ligeti (1923 – 2006), ideó este Poema Sinfónico para 100 metrónomos. Aunque nacido en Rumanía, en 1956 se traslada a Austria donde entra en contacto con las vanguardias centroeuropeas de mitad del siglo XX. Comparte laboratorio musical con Stockhausen, si bien, en su obra, la experimentación electrónica es escasa. Prefiere el uso de la instrumentación convencional, aunque planteada desde un ángulo digamos transversal.

Como la mayor parte de sus contemporáneos, Ligeti se adhiere al rupturismo, en un intento de redefinir las coordenadas espaciotemporales que dieron lugar a dos guerras mundiales consecutivas en menos de treinta años. La vieja Europa, culta, refinada y evolucionada no supo reconducir los conflictos por el buen camino. Como consecuencia la idea de cultura quedó relegada a la mera autocomplacencia estética. Una parte de la familia de Ligeti murió, como las de otros compositores, en campos de concentración. Es difícil entender la actitud de fondo del rupturismo si no se tiene en cuenta la devastación que sufre la Europa de los cincuenta.

El Poema Sinfónico para 100 metrónomos fue malintrepretado, infravalorado y hasta censurado, por vácuo, insolente y provocador. Es evidente que hay provocación en esta propuesta (¿conceptual?), al menos vista desde los cánones más ortodoxos. Pero – es una opinión – pienso que la idea de fondo va mucho más allá de la estética entendida desde el canon. Para mi es una metáfora del tiempo social, del transcurso del tiempo actuando sobre colectivos humanos.

Cada metrónomo es un ser humano y todos juntos están ‘viviendo’, a su modo, mecánicamente. A los metrónomos mecánicos hay que darles cuerda, como a los antiguos relojes. Pero dependiendo de la altura del regulador que marca el tempo, la energía mecánica va a consumirse antes o después: 160 bpms consumirán la misma energía mucho antes que 40 bpms.

Ligeti fue muy meticuloso ajustando milimétricamente los tempos de cada metrónomo. A partir de un instante, todos comienzan a funcionar generando un caos de batidos que desorienta. Pero si refinamos la atención nos daremos cuenta de que hay masas de sonido, familias de clics que suenan sincrónicamente, coincidiendo unos instantes para volver al caos. Si en lugar de metrónomos fuesen personas en el tiempo, ¿no es esto una metáfora de la relación social? La sensación de caos impredecible ¿no es también una metáfora audiovisual de la incertidumbre, de las dos guerras y de sus consecuencias? Y siguiendo por este camino, el último batido del último metrónomo es inquietante, porque instintivamente asociamos movimiento con vida. De modo que si unimos la biografía de Ligeti, su tiempo histórico y los 100 metrónomos en acción, parece surgir un hilo conductor que, tras el último batido, acaba espoleando el silencio: ¿qué hemos hecho? ¿qué hacemos con nuestras vidas?, ¿somos realmente dueños de ellas?, como colectivo ¿realmente tenemos el poder y la capacidad que se nos supone ..?, porque siempre habrá un último batido.

Hasta donde he podido averiguar dos cadenas de televisión, una alemana y otra holandesa, que tenían programada la retransmisión del concierto, la cancelaron en el último momento.